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espiritu-santo_1ORACIÓN INICIAL

 Ven, Espíritu Santo, te abro la puerta,

entra en la celda pequeña de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame de cataratas,
quema la escoria de mis ojos que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura, por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento, mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento, sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias, mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento, enciende la llama que engendra la luz.
Tú que eres viento, empuja mi barquilla en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra, de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo en la lectura.

Oxigena mi sangre al ritmo de la Palabra para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo, llévate lejos todas las hojas secas

y todas las flores marchitas de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo, acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza)

LECTURA DE EVANGELIO DE  SAN JUAN 6, 1-15

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: « ¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?» Lo decía para tentarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo». Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero ¿qué es eso para tantos?» Jesús dijo: «Decid a la gente que se siente en el suelo». Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie». Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: «Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo». Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

jesus-teaching-copyContexto

El hecho de que la multiplicación de los panes se sitúe en el preámbulo de la Pascua hebrea, fiesta de vida y libertad, nos señala la ruta por la cual debemos entrar en la comprensión de la multiplicación de los panes: el don pascual de la vida de Jesús en la cruz. Este relato no es de milagro. No hay milagros en el evangelio de Juan, lo que hay son “signos” que deben ser interpretados. Pero, ¿cómo interpretar el signo del pan? Evocando al gran “Profeta”, la gente piensa en la llegada de los tiempos definitivos; según las creencias de la época, el gran “Profeta” anunciado por Moisés,  no quiere ser considerado Mesías por el gentío; tampoco quiere e que lo vean como un rey al nivel de los reyes de este mundo, su realeza es otro orden, por eso al final se retira solo a la montaña.

Al comienzo del capítulo 6, el número de los que siguen a Jesús alcanza su culmen con la multiplicación milagrosa de los panes y los peces: son aproximadamente 5000 hombres los que vienen a él. Se han sentido atraídos por la excelente impresión que les han causado las curaciones de los enfermos por parte de Jesús y ahora esperan que el mismo Señor les tienda también la mano a ellos. Después del discurso del pan vivo bajado del cielo, solamente los Doce los que permanecen con Jesús.
Texto

En primer lugar, de Jesús se dice que “se fue” de una ribera a la otra del mar de Galilea y que “subió” a la montaña y “se sentó”. Nos evoca aquí la búsqueda de Dios, de quien todo procede, pero también de alguna manera nos recuerda a Moisés en el Antiguo Testamento, en el monte Sinaí, lugar de la revelación, y la profecía de Isaías 25,6-16, en la cual se dice que Dios saciará las necesidades de su pueblo en la montaña santa. Los discípulos aparecen bien unidos a Él, “en compañía” del Maestro; Jesús no va solo.

“Lo seguía”, lo cual es sinónimo de discipulado. Se trata de un discipulado todavía en su primera fase, cuando se busca a Jesús, gracias a la fascinación que producen sus milagros: “porque veían las señales que realizaba entre los enfermos”. Jesús produce atracción de multitudes al ver los milagros de sanación.

“Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente…”. Jesús ve el “venir” de la gente. El “venir” tiene una valor tanto físico (la subida de la gente a la montaña donde está Jesús) como espiritual (en Juan el “venir” es sinónimo de “búsqueda creyente”). Jesús capta entonces, como lo vimos en el evangelio de Marcos el domingo pasado, una necesidad profunda en aquellos que lo buscan. La iniciativa de alimentar a la gente proviene del mismo Jesús. No es como en los otros evangelios, donde son los discípulos los que le piden a Jesús que mande a la multitud a comprar comida.
En la pregunta que Jesús le hace a Felipe llama la atención la manera misma de preguntar va relacionada con el problema del “vivir”: “¿De dónde vamos a sacar para dar vida?”. Por esta razón, el evangelista aclara que la pregunta a Felipe es una “prueba”, no en el sentido negativo de tentación (como Satán que invita a Jesús a tomar el camino equivocado) sino de evaluación del alcance de la fe del discípulo: se verifica hasta qué punto el discípulo ha comprendido el misterio de Jesús.

Felipe, muestra la inviabilidad de la pretensión de Jesús de alimentar a toda esa multitud: “Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco”. Doscientos denarios, que es casi el equivalente del salario de un año, todavía es poco para la compra de la comida: “no basta”, “no es suficiente”. La respuesta de Felipe se va por el lado humano y hacer ver la intención de Jesús como absurda. Felipe hace ver que por los medio humanos es ciertamente imposible satisfacer la necesidad.

Jesús parte de la propuesta que Felipe le había dicho: “Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces”. Cinco más dos igual  siete, el número perfecto; por otra parte, la alusión al pan hecho de cebada nos remite al pan de los pobres. Pero, más allá de todas estas alusiones, lo que se acentúa aquí es que Jesús parte de lo poco, que en realidad es suficiente.

Los panes que Jesús multiplica no son comprados, son dados. Volviendo a la pregunta “¿De dónde vamos a sacar para dar vida?”, notamos así que hay una tensión entre la vida que se consigue por el propio esfuerzo y la vida que se recibe como don. Jesús muestra que la vida (plena) es don y hay que saber acogerla.

Jesús preside la mesa de la comunidad y hace que la gente se siente. Luego ora al Padre, preside la mesa  y dice la oración de bendición, que es una oración de acción de gracias. Jesús reparte los panes y los peces. Preside y como servidor coloca el pan y pescado en las manos de los comensales.
Y, si nos fijamos bien, los verbos que describen la multiplicación de los panes por parte de Jesús, nos remiten a los verbos eucarísticos de la última cena.

Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: ‘Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda.
Subraya el evangelista que la gente quedó satisfecha. Aquí tenemos un signo de la vida en abundancia que Jesús ha vino a traerle a la humanidad. La “abundancia” es expresión de la generosidad de Dios y de la plenitud de vida. Por otra parte “abundancia”, no significa  sólo cantidad, sino ante todo calidad, vida de calidad.

Con este milagro que sobrepasa toda expectativa, la gente se entusiasma todavía más con Jesús. Reconocen el significado del acontecimiento con la frase: “Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo”. En Jesús, la multitud cree haber encontrado la persona indicada para ponerla de líder del pueblo, para que los guíe y se encargue de su bienestar completo..

Entre lo que Jesús acaba de hacer y la expectativa de un Mesías parecido a Moisés hay una conexión. De hecho, Moisés le dio pan (maná) al pueblo en el desierto, y la capacidad de hacer algo similar era uno de los tres signos por los cuales sería reconocido el Mesías cuando llegara.

El evangelista Juan dice que lo querían tomar “a la fuerza”. La frase indica un acto de violencia. Pero Jesús no se deja imponer ningún rol en el cual la gente quiere aprovecharse de él según sus ideas. Jesús no se pone a la cabeza de un ejército de gente entusiasmada por él. Más bien Jesús se retira solo a la montaña. Se esconde de la gente.

MEDITACIÓN

¿Qué expectativa tenía la gente con relación a Jesús? ¿Con qué criterio actúa Jesús? ¿Cómo se da el conflicto entre lo que la gente “busca” y lo que Jesús “ofrece”? ¿Cómo se nota esto hoy?
¿Cómo vivimos hoy en la comunidad, en la familia y en la pastoral el desafío que Jesús le pone a Felipe? ¿Cómo entender hoy el signo del “joven” que ofrece los panes y los peces? ¿Qué le dice a la sociedad capitalista y marginadora este relato? ¿Desde dónde se hace comunidad fraterna y solidaria?

Jesús sabe retirarse a tiempo, ¿y nosotros? Jesús no busca satisfacer sus necesidades psicológicas personales de autocomplacencia y fama, nosotros lo necesitamos, pero ¿podríamos prescindir de ello por el Reino? Jesús está atento a la necesidad de quienes le rodean y después de hacer lo que tiene que hacer desaparece, ¿es esta nuestra actitud?

ORACION

Te pedimos, Dios nuestro, que infundas en cada ser humano el deseo sincero de que a nadie falte el pan de cada día y que, deseándolo intensamente, trabajemos sin desfallecer hasta que sea una realidad. Después de recibir tu pan multiplicado en esta Eucaristía, haznos capaces, Señor, de trabajar para que a nadie falten los recursos de tu creación.
CONTEMPLACIÓN
“En el desierto, Nuestro Señor multiplicó el pan y, en Caná, trasformó el agua en vino. Así preparó la boca de ellos con su pan y con su vino para tiempo en que les habría de dar su cuerpo y su sangre. Les hizo saborear un pan y un vino perecibles para despertar en ellos el deseo de su cuerpo y sangre que dan vida. Se las dio gratuitamente, aunque las pudieran adquirir, para que supieran que no se le pediría la paga de algo tan estimable; en efecto, se podían pagar el precio del pan y del vino, no tendían ciertamente con qué pagar su cuerpo y su sangre.

[…] La obra del Señor todo lo consigue; en un instante, multiplicó un poco de pan. Aquello que los hombres hacen y trasforman en diez meses de trabajo, sus diez dedos lo hicieron en un instante. Sus manos fueron como una tierra bajo el pan; y su palabra como un trueno sobre él; el susurro de sus labios se expandió sobre él como un rocío y el aliento de su boca fue como el sol; en un brevísimo instante llevó a término aquello que normalmente requiere un largo período de tiempo.

De la pequeña cantidad de pan resultó una multitud de panes. Como en el tiempo de la primera bendición: “Sed fecundos y multiplicaos”. Los pedazos de pan, antes estériles e insignificantes, gracias a la bendición de Jesús –como seno fecundo de mujer- dieron un fruto del cual hasta sobraron muchos pedazos”. (San Efrén, Diatessaron, 12, 1.3)

ACCIÓN

 Expresar con la palabra y la acción que Jesús para lo es todo para mí; es el que da sentido a mi vida y por ello pierdo todo para ser agradable en su presencia