“La sociedad humana… tiene que ser considerada, ante todo, como una realidad de orden principalmente espiritual: que impulse a los hombres, iluminados por la verdad, a comunicarse entre sí los más diversos conocimientos; a defender sus derechos y cumplir sus deberes; a desear los bienes del espíritu;… a sentirse inclinados continuamente a compartir con los demás lo mejor de sí mismos; … Estos valores informan y, al mismo tiempo, dirigen las manifestaciones de la cultura, de la economía, de la convivencia social, del progreso y del orden político, del ordenamiento jurídico y, finalmente, de cuantos elementos constituyen la expresión externa de la comunidad humana en su incesante desarrollo”…

Por ello, contempla con preocupación como la organización social en el mundo actual ha privilegiado el progreso técnico y económico – lo material – y ha descuidado el necesario desarrollo cultural y espiritual que constituye el ambiente natural en donde se desenvuelve la trascendencia de la vida humana. El amor y respeto a la vida, a los padres, al matrimonio y a la familia, la protección de la niñez, la paz espiritual tan necesaria en la vida social y tantas otras dimensiones del mundo espiritual están sofocados por la ansiedad del dinero, del éxito, del placer y del poder…criollajulio

 

Queremos recordar pues que es en el tejido cultural de la nación – en su educación moral – en donde brilla con luz propia la ley natural es decir, aquella huella divina del Creador que ilumina el pensar y el obrar de toda persona y que está grabada en lo profundo de su conciencia. Todos sabemos que debemos hacer el bien y evitar el mal. Por ello cuando la Iglesia nos invita a la conversión nos indica que debemos ir a “contracorriente de la mediocridad moral”

Despertemos con coraje y rebeldía: Toda una civilización se tambalea sin recursos morales y éticos que nos permitan crecer espiritualmente para fortalecer las familias y dejar a la juventud un mundo más humano por más cristiano. Se va eclipsando el “valor divino de lo humano” y con ello la felicidad y la libertad,  dones tan preciados de la civilización cristiana, aparecen cada vez más como una utopía.

 Extracto de la Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne
Jueves, 28 de julio del 2011
Santa Misa y Te Deum 190° Aniversario de la Independencia del Perú
Basílica Catedral de Lima

 

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