Oración inicial

[fbshare]

Jesus-aparicion-busto (1)Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO. San Marcos 6, 1-6

En aquel tiempo fue Jesús a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? ¿Y sus hermanas no viven con nosotros aquí? Y desconfiaban de él. Jesús les decía: No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa. No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Palabra del Señor.

Contexto

Entramos en la segunda parte de evangelio de Marcos Escribe su Evangelio a las comunidades cristianas que viven una situación difícil, sin horizontes. Humanamente hablando no había futuro para ellas. La descripción del conflicto que Jesús vive en Nazaret y el envío de los discípulos, que alarga la misión, las vuelve creativas. Para aquéllos que creen en Jesús no se puede estar en una situación sin horizontes. Esta escena muestra que no es fácil llegar a comprender a Jesús. Su personalidad humana intachable y cercana escondía otra realidad profunda que era necesario descubrir. No entendían los paisanos que Jesús fuera un profeta, un Maestro que desbordaba la visión y comprensión que de él habían tenido. Y aparece la insistente pregunta ¿tú, quién eres? Ayer como hoy, los verdaderos profetas no son bien acogidos entre los más cercanos. El comentario final del evangelista, “se extrañó de su falta de fe”, sitúa al texto de hoy en las antípodas del texto del domingo pasado. Algo había en las palabras de Jairo y de la mujer anónima que no lo hay en los convecinos de Jesús, en los convecinos no hay fe.

 Texto

Marcos 6,1-3: Jesús regresa y, como de costumbre, en el día de sábado va a una reunión de la comunidad. Jesús tomó la palabra. Todas las personas podían participar y expresar su opinión. A la gente no le gustaron las palabras expresadas por Jesús y quedó escandalizada. La gente de Nazaret había quedado escandalizada y no lo había aceptado. ¿Cuál es el motivo de este rechazo? “¿No es éste el carpintero, el hijo de María?” No aceptaban el misterio de Dios presente en una persona tan común como ellos. La acogida para Jesús no fue buena. Las personas que hubieran debido ser las primeras en aceptar la Buena Nueva, son precisamente las primeras en no aceptarla. El conflicto no es sólo, por tanto, con los de fuera, sino también con los parientes y con la gente de Nazaret. Ellos no aceptan, porque no consiguen entender el misterio que rodea a la persona de Jesús: “¿De dónde le viene todo esto? ¿Y qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos prodigios hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no están aquí con nosotros?” Y no consiguen creer.

ACERCA DE LOS “HERMANOS DE JESÚS” según el criterio de la Iglesia católica

No existe una sola sugerencia en la Biblia de que la Virgen tuviera otros hijos. Cuando la Sagrada Familia huye a Egipto, cuando se les pierde el niño en Jerusalén (Lucas 2:41-51), siempre se refiere a un solo hijo. Los de Nazaret, aun cuando hablan de los “hermanos” de Jesús, se refieren a Él como “el hijo de María”, no como “un hijo de María”(Mc 6,3). Sería este uso de palabras muy extraño si fueran de hecho esos otros “hermanos” hijos de María.

Veamos lo que ocurrió cuando Jesús moría en la cruz. Juan 19,26-27  “Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.” El Evangelio nos da el nombre de cuatro de sus “hermanos” de Jesús: Santiago, José, Simón y Judas. Si fueran sus hermanos de sangre serían hijos de María. ¿Por qué entonces Jesús la entregó a Juan?

En el Apocalipsis vemos, en efecto, quienes son los otros hijos de María. Apocalipsis 12,17  “Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.”

Finalmente. ¿No es cierto que los protestantes, como nosotros, suelen saludarse como “hermanos” y que los predicadores se dirigen al pueblo con las palabras “queridos hermanos”?. ¿Sería lógico entender que se trata hermanos de sangre? Entonces, ¿Por qué no utilizar también el buen juicio que Dios nos da para entender las Sagradas Escrituras? ¿Por qué no aceptar con humildad la sabia interpretación que han tenido los cristianos desde los primeros siglos que es la enseñanza de la Iglesia? Recemos pues para que los corazones se ablanden y podamos un día vivir todos en paz, como hermanos en Cristo y con nuestra madre, María Santísima.

 (v.5-6a). La misión de Jesús se encuentra con la contraposición del rechazo. Se derivan dos consecuencias inmediatas: Jesús no puede realizar su misión. Jesús se sorprende de la actitud: La expectativa de Jesús es la de la respuesta positiva, por eso “se maravilló de su falta de fe”.

Pero Marcos hace notar que el bloqueo en forma de incredulidad no es total: se limita a “allí”. A Jesús le queda un espacio todavía mayor para su misión. El fracaso es localizado no es total. Esto lo confirma el hecho de que efectivamente “curó a algunos pocos enfermos”. Jesús no obliga a creer a quien no quiere creer, pero su mano permanece tendida para quien desea acoger su poder. De esta forma sigue siendo esperanza de los enfermos y necesitados. Aún en los lugares donde Jesús es duramente rechazado, no deja de ofrecer nunca lo que tiene para dar.

(6,6b). Como se anotó, a Jesús se le cierran unas puertas, pero no todas. El rechazo de Nazaret es ocasión para realizar su misión en los pueblos de alrededor. En este momento se presupone que, como lectores, recordamos todo lo que sucede en una misión de Jesús. Esta misión del Maestro se va a convertir, en el próximo episodio, y como si fuera una fuerza centrífuga, en el punto de partida de la misión de los apóstoles, los mismos que en esta ocasión han sido testigos directos de rechazo del Maestro

Jesús se coloca en la lista de los profetas rechazados por los de su mismo pueblo.  Jeremías, se encontró con la dureza de su propia familia: “Porque incluso tus hermanos y la casa de tu padre, ésos también te traicionarán y a tus espaldas gritarán. No te fíes de ellos cuando te digan hermosas palabras” (12,6).

MEDITACIÓN

¿Qué sentimientos genera en mí esta afirmación de Jesús? Me diría hoy a mí lo mismo ¿Tampoco reconocería hoy al Mesías? ¿También yo reconozco en Jesús a alguien especial, pero soy incapaz de reconocerlo como el Señor de la vida? ¿O ni siquiera soy capaz de reconocer los portentos que hace en mi vida, ni reconocer las enseñanzas que me da? ¿Cómo estamos acogiendo a Jesús los que nos creemos «suyos» ¿En medio de un mundo que se ha hecho adulto, ¿no es nuestra fe demasiado infantil y superficial? ¿No vivimos demasiado indiferentes a la novedad revolucionaria de su mensaje? ¿No es extraña nuestra falta de fe en su fuerza transformadora? ¿No tenemos el riesgo de apagar su Espíritu y despreciar su Profecía? Esta era la preocupación de Pablo de Tarso: «No apaguéis el Espíritu, no despreciéis el don de Profecía. Revisadlo todo y quedaos solo con lo bueno» (1 Tes 5,19-21). ¿No necesitamos algo de esto los cristianos de nuestros días?

ORACION

“Donde están dos o tres reunidos en mi nombre allí estoy yo”, nos dijiste, pero no termina de entrarnos esa expresión sobre tu presencia. Parece que necesitamos evidencias más concretas, formas más sensibles, apariencias más manifiestas y signos más solemnes. Por eso, Señor, haz que nuestros ojos se acostumbren a distinguirte en la comunidad que vive en tu nombre, aunque su apariencia sea de vejez, y en los que viven pendientes de la ayuda que reciben de los demás. Queremos ofrecerte nuestro corazón para que lo hagas realmente sensible y solidario, de manera que quienes te buscan sepan que te encontrarán en la cercanía con los que carecen de lo necesario y sufren las consecuencias de la desigualdad.

 Te damos gracias, Señor, porque has querido ponerte en nuestras manos para que todo el mundo te descubra en la sensibilidad, la preocupación y el comportamiento que tenemos con los demás. No tienes inconveniente en confiar el futuro de la fe en ti a unas comunidades como las nuestras que viven inmersas en la sencillez y la pobreza de las personas que las constituimos. Muchas personas no saben dónde encontrarte y desconfían de nuestra comunidad al creerla pasada de moda y de credibilidad, haz que renovemos nuestra convicción de ser portadores de esperanza, de solidaridad y de aceptación con todos los que nos encontremos.

 CONTEMPLACIÓN

“Escuchad la Palabra del Señor, hermanos, y considerad de qué modo la confirmó y cómo le respondieron: ‘Este sabemos de dónde es; el Mesías, sin embargo, cuando venga, nadie sabrá de dónde será’ (Juan 7,27).

Jesús, entonces, cuando enseñaba en el templo, exclamó: ‘Es cierto que me conocéis y sabéis de dónde soy. Y, con todo, Yo no vine por mí mismo y Aquél que me envió es veraz, ése a quien no conocéis’ (Juan 7,28). Es como si dijera: me conocéis y no me conocéis. Sabéis de dónde vengo y no lo sabéis. Sabéis de dónde vengo: soy Jesús de Nazaret, también conocéis a mis padres.

En esto apenas permanecía secreto el misterio del parto de la Virgen (…) Por tanto, exceptuando el parto de la Virgen, sabían todo sobre Jesús en cuanto hombre: su rostro era conocido, su patria era conocida, su origen, se sabía dónde había nacido. Con razón dijo: ‘Es cierto que me conocéis y sabéis de donde soy’ con relación a su naturaleza humana y a su aspecto físico. Pero en cuanto a su divinidad, ya el discurso era otro: ‘Y, con todo, Yo no vine por mismo y Aquel que me envió es veraz, ése a quien no conocéis’.

Para conocer, creed en Aquel que lo envió y lo sabréis. En efecto, “a Dios nadie lo vio jamás: fue precisamente el Hijo unigénito que está en el seno del Padre quien lo reveló’ (Juan 1,18); y ‘nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar’ (Mt 11,27)”(San Agustín)

ACCIÓN

Tal vez tú sientes la misma experiencia de sentirte rechazado por tu ambiente. Jesús «se extraña de su falta de fe». Obra tú como hizo él. No te desanimes ni te desalientes.