Jesus_160   [fbshare]                                                                                                                                         

  • Job 38, 1.8-11: aquí se romperá la arrogancia de tus alas.
  • Salmo 106, 23-31: Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.
  • 2 Corintios 5, 14-17: Nos apremia el amor de Dios.
  • Marcos 4, 35-40: ¿quién es ese?
  • «Aquel día, llegada la tarde, les dice: Crucemos al otro lado. Y despidiendo a la muchedumbre le llevaron en la barca tal como se encontraba, y le acompañaban otras barcas. Y se levantó una gran tempestad de viento, y las olas se echaban encima de la barca, de manera que se inundaba la barca. Él estaba en la papa durmiendo sobre un cabezal; entonces lo despiertan, y le dicen: Maestro, ¿no te importa que perezcamos? Y levantándose, increpó al viento y dijo al mar: ¡Calla, enmudece! Y se calmó el viento, y se produjo una gran bonanza. Entonces les dijo: ¿Por qué tenéis miedo? ¿Todavía no tenéis fe? Y se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: ¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?»

Buscando

En las partes del evangelio de san Marcos que hemos leído en los domingos precedentes, Jesús enseña a sus discípulos especialmente a través de parábolas las  principales características  del Reino de Dios. Pero no puede Jesús contentarse con que sus discípulos escuchen y admiren sus enseñanzas, tiene que ir más allá, porque la Palabra – él la Palabra – debe mover corazones. En mi modo de pensar creo que esta escena del lago es querida por Jesús para darles un mensaje que  sacada  a sus discípulos de la tranquilidad de oyentes pasivos:

  • La tormenta les atemoriza, pues ellos son incapaces de guiar la barca a pesar de que entre ellos hay gente experimentada en esos trances.
  • Jesús duerme. Es lo que más extraña a los apóstoles. ¿Es que Jesús es insensible a los ruidos, gritos entre unos y otros, a toda la confusión que existe? Se admiran al ver a un Jesús tan tranquilo y aparentemente despreocupado. Por eso llegan a despertarlo y decirle: Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?

Jesús es el Señor, es Dios

Job – primera lectura – tiene que pelear no solo con los amigos que en vez de consolarlo le achacan que sea un pecador, empeorando así la situación; también tiene Job su lucha  consigo mismo y con Dios: seguramente comienza a dudar de las apreciaciones que él tiene sobre su vida y a Dios lo ve distante… como si  no quisiera saber nada del justo.

Cuando Dios habla a Job y le pregunta sobre quién es el Señor de las tormentas, de los truenos, etc.  Comienza a comprender que sus juicios han sido temerarios, como vemos al final de los discursos, cuando confiesa: Te conocía solo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos, por eso, me retracto y me arrepiento, echado en el polvo y la ceniza (Job 42, 5-6).

¿Quién es ese?

Es lo que preguntan los que han presenciado el milagro de la tempestad calmada. Le admira sobre todo la actitud de dominio absoluto que muestra Jesús; ¡Silencio, cálmate! El viento cesó y todo quedó en calma. Ante esta manifestación del poder de Jesús, no solo es admirarse, es también preguntarse quién es él.

Hay que abrirnos a la fe, a ver más allá de las apariencias. Siempre me ha gustado el relato del ciego Bartimeo (Mc 10, 46-52): Maestro, que vea. Pero más me gusta cuando veo la sinceridad que tienen cuando Jesús les pide fe para hacer el milagro: Creo, pero ayuda a mi falta de fe (Mc 9,23).

Recurriendo a mi vida personal debo reconocer que ha habido muchos momentos que como Job no percibía a Dios o que Jesús estaba dormido, como en la barca. Después me he visto obligado a reconocer que nunca me había abandonado, que en los momentos en que no lo sentía, era yo el que cerraba los ojos para no verlo y sentirlo.

Reflexión

Dios nos pide siempre que lo tengamos presente en todo lo que hacemos, que hagamos todo con él. Eso nos compromete mucho y por eso planteo estas preguntas: ¿Voy creciendo en el conocimiento íntimo de Dios? ¿Es mi seguimiento a Jesús interior, que acepta totalmente su Palabra? ¿En qué me exige un cambio de vida? O, ¿todavía no tengo fe para apoyarme todo y en todo en él?

Oración

  • Pienso en mis momentos de desaliento… Pongo todo eso a los pies de Jesús.
  • San Ignacio de Loyola recomienda no cambiar de propósitos en los momentos difíciles o de dudas; sin embargo, en los momentos buenos es cuando hay que hacer buenos propósitos y hacer el firme propósito de cumplirlos.
  • Me siento unido a cuantos tienen dudas, a cuantos se sienten fracasados, a los que sufren por la pérdida del trabajo o la enfermedad, por la defunción de un ser querido…
  • Escucha, buen Dios, mi humilde oración por todos ellos y para que sientan tu presencia.

¡Señor, yo creo, pero aumenta mi fe!

Fray José Jiménez de Jubera Rubio