CORPUS CHRISTI

eucaristia

ORACIÓN INICIAL

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo que Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS. Marcos 14,12-16.22-26 1.

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dicen sus discípulos: ¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?’. Entonces, envía a dos de sus discípulos y les dice: ‘Id a la ciudad; os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle y allí donde entre, decid al dueño de la casa: «El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?» Él os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta y preparada; haced allí los preparativos para nosotros’. Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua .Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: ‘Tomad, este es mi cuerpo’. Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. Y les dijo: ‘Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos. Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba de nuevo en el Reino de Dios’. Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.

 

Ambientación

Los discípulos no conseguían entender y mucho menos aceptar la Cruz, y querían huir, negar y traicionar. En medio de este ambiente tenso y amenazador, llega el gesto de amor de Jesús que se da totalmente partiendo el pan para sus discípulos. El último encuentro de Jesús con los discípulos se desarrolla en el ambiente solemne de la tradicional celebración de Pascua. El contraste es muy grande. Por un lado, los discípulos, que se sienten inseguros y no entienden nada de lo que sucede. Por otro lado, Jesús tranquilo y señor de la situación, que preside la cena y realiza el gesto de partir el pan, invitando a los amigos a tomar su cuerpo y su sangre. Él hace aquello por lo que siempre oró: dar su vida a fin de que sus amigos pudiesen vivir. Y este es el sentido profundo de la Eucaristía: aprender de Jesús a distribuirse, a darse, sin miedo de las fuerzas que amenazan la vida. Porque la vida es más fuerte que la muerte. La fe en la resurrección anula el poder de la muerte

 

Texto

Estas palabras, que pronunció Jesús en la Última Cena, se repiten cada vez que se renueva el sacrificio eucarístico. Las acabamos de escuchar, en el Evangelio de Marcos, y resuenan con una singular potencia evocadora hoy, solemnidad del Corpus Christi. Nos llevan espiritualmente al Cenáculo, nos hacen revivir el clima espiritual de aquella noche cuando, al celebrar la Pascua con los suyos, el Señor, en el misterio, anticipó el sacrificio que se consumaría el día después sobre la cruz. La institución de la Eucaristía se nos presenta de este modo como anticipación y aceptación por parte de Jesús de su muerte. “Durante la cena, Jesús se inmoló así mismo; en la cruz Él fue inmolado por los otros” (San Efrén).

“Esta es mi sangre”. Es clara aquí la referencia al lenguaje empleado para los sacrificios de Israel. Jesús se presenta a sí mismo como verdadero y definitivo sacrificio, en el cual se realiza la expiación de los pecados que, en los ritos del Antiguo Testamento, no se habían cumplido nunca totalmente. A esta expresión le siguen otras dos muy significativas. Ante todo, Jesucristo dice que su sangre “es derramada por muchos” con una comprensible referencia a los cantos del Siervo, que se encuentran en el libro de Isaías (Cf. capítulo 53). Al añadir “sangre de la alianza”, Jesús manifiesta además que, gracias a su muerte, se realiza la profecía de la nueva alianza fundada en la fidelidad y el amor infinito del Hijo hecho hombre, una alianza, por tanto, más fuerte que todos los pecados de la humanidad. La antigua alianza había sido sancionada en el Sinaí con un rito de sacrificio de animales. (Éxodo 24, 3).

En verdad, Israel desde el comienzo, con la construcción del becerro de oro, se mostró incapaz de mantenerse fiel al pacto divino, que de hecho, transgredió muy a menudo, adaptando a su corazón de piedra la Ley que debería haberle enseñado el camino de la vida. Sin embargo, el Señor no faltó a su promesa y, por medio de los profetas, se preocupó en recordar la dimensión interior de la alianza y anunció que iba a escribir una nueva en los corazones de sus fieles (Jeremías 31,33), transformándolos con el don del Espíritu (Ezequiel 36, 25-27). Y fue durante la Última Cena cuando estableció con los discípulos esta nueva alianza, con su sangre, que se convirtió “sangre de la nueva alianza”.

Ello se evidencia en la segunda lectura, tomada de la Carta a los Hebreos, donde el autor sagrado declara que Jesús es “mediador de una Nueva Alianza” (9,15). Lo es gracias a su sangre o, con mayor exactitud, gracias a su inmolación, que da pleno valor al derramamiento de su sangre. En la cruz, Jesús es al mismo tiempo víctima y sacerdote: víctima digna de Dios, porque está sin mancha, y sumo sacerdote que se ofrece a sí mismo, bajo el impulso del Espíritu Santo, e intercede por toda la humanidad. La Cruz es, por lo tanto, misterio de amor y de salvación, que nos purifica la conciencia de las “obras muertas”, es decir de los pecados, y nos santifica esculpiendo la alianza nueva en nuestro corazón; la Eucaristía, renovando el sacrificio de la Cruz, nos hace capaces de vivir fielmente la comunión con Dios.

 

MEDITACIÓN

Algunas preguntas para ayudarnos en la meditación y en la oración. a) ¿Cuál es el punto de este texto que más te ha llamado la atención y por qué? b) ¿Cuáles son, uno por uno, los diversos sucesos que describe el texto? c) ¿Cuál es el comportamiento de Jesús ante Judas que lo traiciona y ante Pedro que lo niega? d) ¿Qué significa el gesto de Jesús que parte el pan diciendo: “¡Tomad y comed! ¡Esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros!”? ¿Cómo ayuda este texto a entender mejor la Eucaristía? e) Mira en el espejo del texto, entra en tu corazón y pregúntate: “¿Soy como Pedro que negó? ¿Soy como Judas que traicionó? ¿Soy como los doce que huyeron? ¿O soy como la mujer anónima que permanece fiel?” (Mc 14,3-9).

ORACIÓN

Tú, Señor que estás vivo, que en el pan y en el vino estás Tú, TODO, hombre y Dios verdadero, abre nuestro corazón, para que viendo ese pan y ese vino, te veamos a ti, Dios vivo, desde donde irradias tu amor y tu misericordia, desde donde nos transformas interiormente, desde donde nos das tus gracias y tus bendiciones. Danos Señor, la gracia de encontrarte vivo, en la Eucaristía.

Tú, Señor, que estás presente en cuerpo, alma y divinidad, en el pan y en el vino, regálanos la gracia de sentir que el corazón nos arde de alegría porque ahí estás Tú Corpus Christi. Dios vivo y verdadero, inundándonos de tu presencia y de tu amor. Señor, actúa Tú en nosotros y vivifícanos en ti, dándonos tu amor y tu paz.

Tú Señor, que estás presente en las especies de pan y vino, y que vienes a nosotros en la comunión, que te unes a nosotros íntimamente a ti, viniendo Tú a nuestra vida, vivificándonos con tu vida y tu ser, haz que cada vez que te recibamos nos sintamos renovados e inundados por ti

CONTEMPLACIÓN

Señor Jesús, cuando llegó tu hora, la hora de amarnos hasta el final, de amarnos totalmente, hasta darte Tú todo por nosotros, tu amor no fue algo pasajero ni puntual, sino como gesto de amor y de entrega total, no solo diste tu vida en la cruz, sino que Tú mismo te diste totalmente, dándonos tu Cuerpo y tu Sangre en las especies de pan y vino. Tú celebraste la pascua con tus discípulos, que era recuerdo de liberación de la esclavitud y manifestación del amor y la cercanía de Dios-Padre con el pueblo elegido, que escuchó y estuvo atento a los dolores y sufrimientos que ese pueblo tuvo en Egipto; pero al celebrar esa memoria de liberación, Tú celebraste tu Pascua, la tuya propia, la que Tú ibas a realizar en la cruz, y así nos dejaste como memoria perpetua de tu amor hacia nosotros, para que cuando la celebremos, recordemos todo Corpus Christi lo que Tú hiciste por nosotros. Ese día solemne para el pueblo judío, Tú te diste totalmente dejándonos tu Cuerpo y tu Sangre, como memoria viva de tu entrega por nosotros. Señor, cuando celebramos la Eucaristía, recordamos tu gesto de entrega total por nosotros. Te damos gracias porque Tú te diste totalmente en la cruz y sigues dándote totalmente en cada Eucaristía, donde recordamos el amor que Tú nos diste, al darte Tú por nosotros y al dejarnos tu Cuerpo y tu Sangre, al quedarte Tú todo, en cuerpo y alma, en las especies de pan y vino, que manifiestan y expresan tu amor hacia nosotros. Ayúdanos a valorar el hecho de que Tú nos dejaste tu Cuerpo y tu Sangre, como memoria viva de tu amor hacia nosotros.

ACTUAR

Jesús está en cuerpo y alma presente en la Eucaristía, sabiendo esto, ¿qué puedo hacer para ser más consciente que cada vez que recibo la comunión estoy recibiendo a Dios vivo y verdadero?, ¿esto en qué puede y debe cambiar mi actitud y disposición ante el Señor? Cada Eucaristía (misa) es la actualización sacramental e incruenta del misterio redentor de la cruz, siendo así ¿de qué manera debo participar para que yo viva y reciba las gracias de ese hecho salvífico?  Si en la comunión recibimos a Dios en cuerpo y alma, ¿qué actitud debo tener cuando la recibo, sabiendo que ahí Dios actúa, vivificándonos y transformándonos con su presencia?

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