Lecturas                     cuadro 

Deuteronomio 4,32-34.39-40: El Señor es el único Dios allá arriba en el cielo y aquí abajo en la tierra. No hay otro.

  • Salmo 23,4-6.9.18-22: Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor.
  • Romanos 8,14-17: Por el espíritu de hijos que se nos ha dado, podemos decir: ¡Aba! (Padre).
  • Mateo 28, 16-20: Id, pues, y haced discípulos a los habitantes de todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

 

Desconocemos  la verdad más importante de nuestra fe:

Hablo de la Santísima Trinidad y  ese desconocimiento lo aplico primero a mí mismo, pues hasta cuando era estudiante de teología, pasé esta asignatura estudiando lo menos posible.

Miles y miles de cristianos, que decimos serlo por el Bautismo, lo podemos saber, pero, ¿tenemos en cuenta que los somos en nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo? Quizás no pasemos de lo más elemental del catecismo: Un solo Dios en tres personas distintas.

Otros, quizás más leídos, como dicen por los Andes, o más curiosos, recuerdan que le enseñaron o han  leído que el misterio de la Santísima Trinidad se explica desde un triángulo equilátero: tres ángulos iguales, que reflejarían cómo Dios es consustancial – igual – en cada una de las tres personas. Hasta pueden recordar cómo a esa imagen del triángulo le colocan un ojo en el centro: un solo Dios.

Otros, quizás, se queden solo en el misterio y digan: ¡para qué tocar el tema! Estos de quedarían con la leyenda atribuida a san Agustín cuando yendo por la playa vio a un niño que había hecho un hueco en la arena y llevaba a él agua del mar. Dicen que el santo le preguntó: ¿Qué estás haciendo?  A lo que respondió el niño: Trato de meter el agua del mar en este hueco. A lo que Agustín respondió: Eso es imposible. Más imposible es lo que estás pensando tú de comprender el misterio de la Santísima Trinidad y meterlo en tu mente, le respondió el niño.

Por eso, muchos se quedan en la palabra misterio y rehúyen explicar nada. Misterio no es porque no podamos comprehender algo, sino porque supera nuestra capacidad y lo que conocemos de Dios es porque él lo ha revelado, pues por nuestra inteligencia sola, no llegaríamos muy lejos.

¿En qué fallamos?

Creo que está en quedarnos en el dogma (lo que hay que creer) y dejamos de lado la experiencia (lo que vivo o tengo que vivir). La vida se siente, se comparte, pero si me preguntan ¿qué es la vida? Ya no sé responder ni lo puede hacer el mejor filósofo o el más reconocido científico.

El camino,  y es el único, para acercarnos y vivir a la Santísima Trinidad. De lo único que podemos responder es de la experiencia que tengamos de ella. Es lo que nos enseña la Biblia, lo celebra la Iglesia sacramentalmente y el creyente lo vive en cada instante de su vida dando gloria y alabanza al Dios Trino y Uno en su obrar.

¿Cómo vivir esta realidad?

  • Fijémonos en el Padre:
    1. Cuando hacemos la señal de la cruz: En el nombre del Padre, y del Hijo, y de Espíritu Santo… ¿Es de verdad nuestra señal distintiva? ¿Te das cuenta de su sentido? ¿Te dice algo de tu pertenencia a alguien? ¿Tienes otros dioses o caprichos-idolitos y por qué camino te llevan?
    2. Cuando piensas en tus padres (no habrán sido perfectos, tampoco lo somos nosotros), tienes que darte cuenta del amor, ellos nos amaron sin conocernos. Todo un símbolo del amor divino: Él nos amó primero.
    3. En el Padre descansamos, pues Él es la roca firme que no falla nunca, que está siempre a nuestro lado, que si le abandonamos, Él nos espera con los brazos abiertos.
  • Fijémonos en el Hijo:
    1. Jesucristo es el modelo – el único y total – para nosotros, es el enviado por el Padre y él nos envía el Espíritu Santo.
    2. Él es el Enviado, el Crucificado, el Resucitado, el Triunfador. Toda nuestra vida está llamada a reflejar esa realidad de Cristo:
      1. Enviados: Nos dice Jesús: Como el Padre me ha enviado, así os envío yo. Llamados a cumplir la misma misión que Jesús.
      2. Hay que mirarnos en el Crucificado no tanto para comprender el dolor y la muerte, sino en cuanto nos lleva a comprender el amor (nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos).
  • El resucitados es uno de nosotros, más aún, es nuestro Maestro y Modelo.
  1. Triunfador: estamos llamados a triunfar con él no en metas y floripondios humanos, sino el triunfo para toda la eternidad.
  • Fijémonos en el Espíritu Santo:
    1. No busquemos su rostro, que es lo que quisiéramos, ni siquiera a través de lo que dice; es que nunca el Espíritu Santo habla de sí mismo. Él es la proyección del Padre y del Hijo. Entonces quedamos que no es para conocerlo, sino para vivirlo.
    2. Su acción está en nosotros, pues sin su ayuda nada podemos hacer.
    3. ¿Qué es el Espíritu Santo? Ojo para que veamos la acción del Padre, espabila nuestros oídos para que escuchemos la Palabra del Hijo y nos prepara para compartir el amor.
    4. Está derramado todo él en nosotros, por lo cual, somos su templo, que debe ser todo nuestro cuerpo y alma, todo nuestro ser.

Oración:

Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos,

te adoramos, te glorificamos, te damos gracias.

Señor Dios, Rey celestial, Dios padre todopoderoso,

Señor, Hijo único, Jesucristo.

Señor Dios, Cordero del Padre, Hijo del Padre:

Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros;

tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica;

tú que está sentado  a la derecha del Padre,

ten piedad de nosotros porque solo tú Señor,

solo tú Altísimo, Jesucristo,

con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

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