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           Lecturas:

  • Hechos 1, 1-14: Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo.
  • Salmo 46, 2-3.8-9: Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.
  • Efesios 4,4-13: Ascendió al cielo y está sentado a la derecha de Dios.
  • Marcos 16,15-20: Ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios.

 Siempre me ha acompañado esta dificultad:

Al tratar el tema de la Ascensión del Señor  Jesús a los cielos, – fiesta que me ha gustado mucho, pues, además, en esa fecha hice mi primera comunión – tratando de profundizar en mi fe, cuando era niño pensaba en un Jesús que subía a los cielos gloriosamente, dejando a todos admirados; pero al pasar los años va purificándose esa fe y no faltan dificultades que van brotando.

Así leyendo el Nuevo Testamento y los comentarios de los especialistas en él, he visto que se habla de dos ascensiones de Jesús, distintas en tiempo y espacio, en san Marcos y en el libro de los  Hechos de los Apóstoles. Después de hablarles el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios (Mc 16,19). A la vista de ellos, fue levantado al cielo hasta que una nube lo quitó de la vista (Hch 1,9). ¿Cómo se compaginan los dos textos? De mis lecturas sobre este tema, copio para ustedes:

Las dos versiones de la Ascensión del Señor se unen en un mismo significado: la plenitud de la Resurrección. No en entendido en sentido físico o espacial – pues no hemos de confundir los símbolos con los hechos en que se fundamentan -, es sentido simbólico tanto en Marcos como en Lucas, pues ambos quieren recalcar la nueva forma de sentir a Jesús a través de la acción del Espíritu Santo. El Resucitado vive la misma vida de Dios, sin embargo, los evangelistas dejan de lado esta realidad para fijarse en la acción del discípulo: ser misionero – evangelista – en el mundo y contar siempre con presencia de Jesús a través del Espíritu Santo.

Hasta aquí la larga cita que creo nos ayuda a unir los dos textos bíblicos en una  sola realidad: Jesús es el triunfador sobre la muerte y el envío a anunciar esa buena nueva es lo principal. Id por todo el mundo y proclamad la buena nueva (Mc 16,15); acción que Lucas la une a la asistencia del Espíritu Santo: Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria y hasta el confín de la tierra (Hch 1,8).ascension

 El triunfo de Jesús es nuestra fiesta:

Un nuevo tiempo se crea al llegar el Reino de Dios (con la predicación de la Buena Nueva que exige la conversión).  Jesús, al triunfar sobre la muerte, vence al mayor enemigo del hombre: el pecado, y ese triunfo de Jesús es nuestro triunfo. Por eso, hoy más que nunca podemos cantar con el salmo: Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo (Sl 118 (117), 24).

La Ascensión del Señor es el triunfo del amor que se nos da a nosotros abundantemente,  y nos obliga a vivirlo en comunidad con los hermanos día a día; nada se nos da hecho. La vida misma es tarea de cada momento de la existencia. Hay un ser humano completo en el seno de la madre, con plenitud de vida; sin embargo, tiene que recibir mucha atención en los primeros años de su existencia, promocionándole  la salud corporal y la salud mental con la educación.

Nuestro vivir diario – de resucitados con Cristo – es ir  sembrando amor en todo lo que hacemos; pues si actuamos con otros motivos, nuestra siembra – siembra es lo que hacemos – será para precipitarnos en la muerte eterna. Estamos llamados a sembrar cielo – amor – para cosechar el cielo.

Glorifiquemos al Señor:

El Señor Triunfador está en el cielo junto al Padre, porque se dio en todo para cumplir la misión que le había confiado. Había sido Jesús en su vida terrenal la trasparencia del Padre: El que me ve a mí, ve al que me envió (Jn 12,44). La Resurrección de Cristo fue llegar a la plenitud de su misión; nuestra misión con Cristo es ser la trasparencia de su amor en la entrega a los demás. Con este vivir en cristiano damos a nuestra vida un sentido que la mayor parte de la gente no conoce: unos por no ser bautizados, otros por no dar a su vida ninguna trascendencia y otros por vivir su cristianismo a medias. Cristo Jesús, el primogénito de toda la creación, es y debe ser el centro de toda la humanidad.

Reflexión:

Hago memoria de mi vida: ¿cómo pensaba antes y cómo concibo ahora la Ascensión del Señor? Lo que hemos compartido en este escrito, ¿te sirve para comprender y reflejar mejor en tu vida la Ascensión del Señor? La plenitud de la vida de Jesús – como Dios y como hombre -, ¿me lleva a buscar caminos que  den plenitud a mi vida? ¿Me siento discípulo de Jesús? ¿A qué me debe llevar el sentirme triunfador con Cristo Jesús?

 Toda reflexión debe terminar en un propósito:

Y no basta con propósitos generales, hay que concretizarlos. ¿Cómo?  Comienzo con un ejemplo: no vale decir amar más; sino proponerme acciones concretas que muestren el amor a mi esposo, a mi esposa, a mis hijos, familiares, amigos, compañeros de trabajo… Otro ejemplo: ¿cómo me desprendo de la ojeriza que tengo a mi vecino?  Puedes buscar otras acciones.

 Oremos:

Te doy gracias, buen Dios, y te pido que la alabanza esté siempre en mi boca. Especialmente te doy gracias,  especialmente por tu Hijo Jesús, pues por él tenemos también nosotros la filiación divina.

Me comprometo a vivir de tu amor para ser ante todos los demás testigos de tu amor.

Te escucho, mi Dios, te acepto.