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  • Hechos 10, 25-26.34-35.44-48: El don del Espíritu Santo se derramará también sobre los gentiles.
  • Salmo 97, 1-4: El Señor revela a las naciones su justicia.
  • 1 Juan 4,7-10: Dios es amor.
  • Juan 15,9-17: Este es mi mandamiento que os améis como yo os he amado.

El amor:

Una y otra vez en las lecturas dominicales  aparece el amor. No puede faltar porque Dios es amor, nos dice san Juan. Más aún, Dios es la fuente del amor para Jesús: como el Padre me ama a mí.  Dios es origen de toda la creación y la creación sin amor es algo muerto. Lo creado tiene que ser llenado de amor, por eso dice Jesús: como el Padre me ama a mí, os he amado a vosotros. El Hijo de Dios en la vivencia eterna en el seno de la Santísima Trinidad ha vivido el amor del Padre, del Hijo (el suyo) y del Espíritu Santo. Al hacerse hombre el Hijo, no puede menos de comunicarnos que quiere que vivamos esa experiencia de amor que él vive en el seno de la Santísima Trinidad.

¿Cómo recibir y permanecer en ese amor? Jesús nos lo indica: cumplir los mandamientos. Los mandamientos tienen sentido en el amor. Lamentablemente nos los han enseñado de una forma negativa a partir del quinto de los diez de la ley mosaica. Nos han enseñado: no hagas esto… o aquello. Porque los enunciamos no matar, no fornicar, no mentir, no robar… Tendríamos que verlos en positivos: respetar la vida, la sexualidad dignifica al ser humano, respeta la propiedad tuya y ajena, ama la verdad… El decir “no” nos aparta de ir adelante en la vida, para llegar a la alegría plena haya que decir “sí”: Os he dicho esto para que mi alegría y vuestra alegría sea completa. Todo esto exige que quedaba claro el domingo pasado: la unión a Cristo para dar fruto, como el sarmiento tiene que permanecer unido a la vid para no morir.

El abuso de la palabra amor:

El diccionario de la Academia de la lengua pone un montón de significados:

  1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
  2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.
  3. m. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.
  4. m. Tendencia a la unión sexual.
  5. m. Esmero con que se trabaja una obra deleitándose en ella.
  6. m. pl. Relaciones amorosas.
  7. m. pl. Objeto de cariño especial para alguien.
  8. m. pl. Expresiones de amor, caricias, requiebros.
  9. m. pl. Relaciones amorosas y otras más.

La academia no se mete con el amor de Dios, el auténtico amor. Para no caer en tan diversas acepciones desde lo más profundo y eminente del amor de una madre a su hijo al disparate – por no llamarlo otra cosa-  del que va a un prostíbulo y afirma que va a hacer el amor, Necesitamos urgentemente no quedarnos en palabras, sino buscar  un ejemplo concreto a seguir y ese solo puede ser Jesús.

Jesús:

En la actualidad estamos en mundo de palabras, por eso, se nos piden iconos en los que se refleje lo que son los que nos quieren enseñar o predicar. Para nosotros cristianos solamente hay un icono, en el que fijarnos: es Jesús, porque él es el icono del Padre y al único que podemos llamar Maestro. Estamos, por lo tanto,  invitados a profundizar en cómo vivió el Maestro el amor en todas las dimensiones: al amigo, al enemigo, al traidor, la pobre, al rico… ¿Cómo compartió Jesús el amor?  Gratuitamente, sin limitaciones de ninguna clase. Era lo que vivía del Padre. ¿Hasta dónde llegó en su amor? Hasta la muerte: Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos. ¿Tiene límites? Ninguno, da la vida hasta por los enemigos, como dice san Pablo. En Cristo es en donde debemos fijarnos, que sea nuestro verdadero icono.

Nuestra señal de identidad:

El papa Francisco, tan cercano a los humildes y sencillos en sus enseñanzas, ha afirmado de muchas maneras que la identidad propia del cristiano es el amor. No es creer unas cosas u otras, que hasta pueden llegar a separarnos más con los que practican otras religiones o tienen otras ideas, sino el amor. El amor une. Estamos obligados a amar, así mostramos a Jesús.

Compromiso:

Es a donde tenemos que llegar: a comprometernos en llevar lo que afirmamos a nuestra vida y en la relación con los demás. Es en mis relaciones con los familiares, con los compañeros de trabajo, con los hermanos de la comunidad cristiana, con lo que por un motivo u otro tengo que tratar con ellos. Debo preguntarme constantemente: ¿por qué amo?, ¿a quién amo?, ¿cómo amo?

Responder a estas preguntas me debe llevar probamente a rectificar constantemente mi modo de actuar, comprometerme “a mojarme” sin cobardías ni temores. Sobre todo que vean en mí al que obra según el amor de Dios, no para que me alaben, sin para que alaben al Padre que está en los cielos.

 

Rezo:

Sé, Señor, que necesito ser más amoroso con los que están a mi lado, sea quien sea, como hemos indicado arriba. Sé que debo ser más comprensivo a todos y acoger a todos también, aunque piensen distinto o tengan una religión distinta. Debo practicar la tolerancia.

Me pongo, Señor, en tu presencia, te acojo Jesús en mi corazón, te siento, te amo…

Gustad y ved qué bueno es el Señor.