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1977 JESÚS DE NAZARET_thumb[1]

Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

LECTURA DE LA PALABRA DEL SEÑOR: Mc 11, 1-10

Se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos, y Jesús mandó a dos de sus discípulos, diciéndoles: «Vayan a la aldea de enfrente y, en cuanto entréis, encontraréis un borrico atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y tráiganlo. Y si alguien os pregunta por qué lo hacéis, contestadle: “El Señor lo necesita y lo devolverá pronto.”» Fueron y encontraron el borrico en la calle, atado a una puerta, y lo soltaron. Algunos de los presentes les preguntaron: « ¿Por qué tenéis que desatar el borrico?» Ellos les contestaron como había dicho Jesús; y se lo permitieron. Llevaron el borrico, le echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. Muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante y detrás gritaban: «Hosanna, bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David. ¡Hosanna en el cielo!». Palabra de Dios.

Contexto

Muy poco antes del texto de hoy el evangelista Marcos hace la siguiente observación: “En el camino hacia Jerusalén, Jesús iba delante de todos sus discípulos, que le seguían entre admirados y asustados” (10,32), y acto seguido recoge estas palabras de Jesús: “Ya veis que vamos camino de Jerusalén” (10,33). Hoy el evangelista escribe: “Se acercaban a Jerusalén”. Ahora Jesús toma iniciativas, cuya fuente de inspiración es la Escritura Santa. Con la tarea que encomienda a los dos discípulos Jesús comienza a cumplir lo que se dice sobre el rey mesiánico en la Escritura. Él se atiene a lo que es voluntad de Dios. Hasta este momento Jesús ha rechazado que le llamaran Mesías y le proclamaran Rey. Ahora es Él quien se declara y actúa como tal. Su actitud es clara para todos los que aciertan a ver: el evangelista, los dos discípulos, los ‘dueños’ del asno. Él es el Mesías-Rey justo, pacífico y humilde que Dios quiere para su pueblo.

Texto

El domingo de Ramos marca el inicio de la Semana Santa. Este inicio es impactante en sí mismo porque comienza con algo que es diametralmente opuesto al desenlace final que tuvo, porque si comenzamos con la entrada triunfal del Señor en Jerusalén y así su aclamación y el reconocimiento de quién era, después vemos que ese mismo que fue aclamado es sentenciado a la muerte más cruel de aquella época. Hay actitudes y conductas de Jesús que desconciertan. Jesús genera unas situaciones que no pueden verse ni como improvisadas, ni como inconscientes. Una de esas situaciones es la de hoy, su entrada en Jerusalén a la vista de todos, cuando sabe que lo quieren matar, y montado en un simple borrico. Jesús es consciente de las falsas expectativas mesiánicas de dirigentes y pueblo. De hecho, algunas han surgido motivadas por sus mismas prácticas, cosas que aunque entre sus discípulos intentó corregir solo engendró más crisis en el seno del grupo. Jesús ni es un imprudente, ni un temerario. Tampoco un ingenuo. Sin claudicar, afronta la vida en toda su crudeza, confiando solo en la fidelidad velada de Dios. Y así avanza… y entra en Jerusalén…

Y entra en la Ciudad Santa  no en medio de una manifestación confusa de ideas y de emociones, precisamente las que están en el origen de las adhesiones y desconfianzas que hoy lo aplauden, pero que en días pedirán su crucifixión. La Pascua Judía era la expresión acabada no sólo de un recuerdo, sino de las aspiraciones de cambio de todo un pueblo.

Sin embargo, será aquí donde Jesús muestre la singularidad de su propuesta. El que viene en nombre del Señor trae un mensaje profético de cambio, de vida nueva y distinta… un cambio y una vida que algunos no quieren aceptar porque están demasiado seguros de la vida que llevan. Pero una transformación que otros sí aceptarán, quizás prematuramente, sin considerar que dichos cambio y vida tendrán que ser según el modo de ser y obrar de Dios… dialogante, pacífico y humilde. He aquí los principios de la propuesta del Mesías que entra, desde Dios, en nuestras existencias.

La entrada de Jesús en Jerusalén y en nuestras vidas es una invitación a abrirnos a su mensaje, a ser desde el diálogo, la paz y la humildad profetas de cambio, de vidas nuevas y distintas, pero a serlo auténticamente, generando gestos que seguramente también provocarán adhesiones y recelos… Como las acciones hondas y claras de Jesús, las nuestras tendrían que superar la superficialidad que aún conservan, de hecho lo que hoy aplaudimos de Dios, quizá mañana pensemos que no vale la pena, es difícil o una ingenuidad. Nuestras acciones, nuestra entrada desde Dios, en la vida propia y en la de los hermanos, tendrían que desinstalar y desinstalarnos, sorprender y sorprendernos. En esto se funda la posibilidad -este es el preámbulo del que hablábamos- de la existencia nueva que en breve la Resurrección Pascual confirmará.

Evangelio: (Marcos 14,1,15-47).

Las escenas del relato de la Pasión

Veamos ahora la serie de escenas en la que se va desarrollando el relato de la Pasión. Aunque todas están estrechamente hilvanadas, vale la penar verlas también como pequeños cuadros que nos invitan a la contemplación de Jesús e intentar comprender lo que significa: “Si alguno quiere ser mi discípulo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Marcos 8,34).

El complot contra Jesús y la Cena en Betania

Los protagonistas de la Pasión preparan la fiesta de Pascua de manera diferente y contradictoria. Mientras que los responsables del Templo están más preocupados por inmolar a Jesús que por inmolar el cordero pascual, una mujer gasta una considerable suma de dinero para perfumar a Jesús y anticipar sus funerales, lo cual Jesús interpreta como anticipación de su entronización mesiánica.

La traición de Judas y los preparativos de la fiesta

De forma opuesta a la actitud de la mujer de Betania, Judas acepta dinero para entregar a Jesús. Jesús les pide a sus discípulos que preparen una sala. Pero en realidad ésta ya está lista. ¿Qué Pascua quiere celebrar Jesús? ¿Qué sentido le quiere dar a la fiesta?

La cena del Señor

Durante la cena, Jesús anuncia que será entregado. Su cuerpo y su sangre sustituirán al Cordero Pascual. La fiesta de Pascua toma un nuevo sentido. La Alianza entre Dios y los hombres ha sido renovada y se extiende a todos los hombres. La cena termina con un canto de acción de gracias. Yendo al Getsemaní, Jesús aparece más lúcido que sus discípulos. Les explica el sentido de su muerte, pero ellos no son capaces de comprender las palabras por el momento.

La agonía en el Getsemaní

Jesús se distancia de sus discípulos junto con Pedro, Santiago y Juan, para orar. El evangelista Marcos nos revela el secreto de su oración. Jesús queda completamente solo, no consigue involucrar a sus discípulos en la oración de abandono a la voluntad del Padre.

El arresto de Jesús

El grupo de discípulos que rodea a Jesús desde el comienzo del evangelio se dispersa. La escena está cargada de fuerte dramatismo: Judas lo traiciona con un beso; uno de los discípulos usa su espada; otro huye desnudo en medio de la oscuridad. Las palabras de la Escritura citadas durante la cena se cumplen: “Heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas”.

El juicio judío: ante Caifás

En el proceso judicial religioso, un grupo de falsos testigos desfilan ante Jesús. Por su parte, Jesús da testimonio verdadero acerca de sí mismo: revela su secreto mesiánico. La nobleza de sus palabras y de su comportamiento se contrapone a la conducta indigna de algunos de los jueces y guardias.

El juicio romano: ante Pilatos

Ante Pilatos, la agitación de los jefes contrasta con la calma y el silencio de Jesús.

 Barrabás

La multitud se pone en contra de Jesús. Se pide la muerte del justo y la liberación del culpable. La muerte de Jesús es salvación del pecador. Pero Pilatos comete una injusticia.

Jesús coronado de espinas

Una ironía trágica caracteriza esta escena. Los soldados creen que están mofando de Jesús. No se dan cuenta que están diciendo la verdad: Jesús, efectivamente, es el rey de los judíos y merece que se arrodillen ante él.

El camino de la cruz

La inscripción colocada en la cruz, una vez más –sin que lo quieran los adversarios- dice la verdad. El relato sigue el ritmo de las indicaciones horarias: las nueve de la mañana, el mediodía, las tres de la tarde. La primera parte es la crucifixión, donde se destaca el despojo de las vestiduras de Jesús. Jesús rechaza la primera bebida que le ofrecen: un narcótico para adormecerlo y aliviar los dolores; él quiere vivir consciente las últimas horas.

Las burlas al crucificado

Se escucha el grito desafiante: “¡Sálvate a ti mismo!”. Tres grupos de personas confrontan al crucificado para burlarse de su misión mesiánica de salvación y sus títulos; le piden que se baje de la cruz para poder creer en él. Lo más trágico: incluso sus compañeros de condena lo insultan.

La muerte de Jesús

Al mediodía viene una gran oscuridad que se prolonga al menos por tres horas, hasta la muerte de Jesús. ¿La tierra será más consciente que los humanos, al cubrirse el rostro ante el crimen que se va a cometer? Una profecía está en el trasfondo. El cosmos anuncia que ha llegado la hora del fin: la intervención decisiva de Dios en la historia. En medio de la oscuridad Jesús ora con el Salmo 22. Los presentes se burlan de su experiencia de Dios tergiversando las palabras del Salmo. Jesús muere.

 La hora del discipulado

Al morir Jesús un nuevo signo interpretativo del sentido de la cruz se manifiesta: el velo del Templo se rasga. En el cuerpo del crucificado Dios ha revelado su presencia definitiva en medio de los hombres: un nuevo acceso a Dios es posible. El centurión romano profesa la fe: “viendo la forma como murió”. De forma paradójica se realiza lo que piden los adversarios: “que veamos para que creamos”. Dice: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”. Es la más bella profesión de fe del Evangelio. Las mujeres, imagen de fidelidad en el discipulado, contemplan la escena desde lejos.

Jesús es sepultado

No todos los responsables del pueblo judío eran contrarios a Jesús. Uno de ellos viene a enterrarlo. Las mujeres hacen de “testigos” de la sepultura en la expectativa que lo sean también después de la resurrección.

MEDITACIÓN.

¿Qué me llama la atención de la entrada de Jesús a Jerusalén?, ¿qué está expresando e indicando con eso?, ¿qué sentido tuvo ese hecho?  ¿Qué expresa la actitud de la gente de colocar sus mantos para que el Señor Jesús pasara sobre ellos?, ¿qué indican las ramas y las exclamaciones que hacían?, ¿qué manifiestan con eso? (Mc.11,7-9). ¿Qué importancia tiene la aclamación de la gente: “…¡Hosanna!, ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!, ¡Bendito el reino que viene de nuestro padre David! ¡Hosanna en lo alto del cielo!..” (Mc.11,10), ¿a qué se refieren con eso?  Para nosotros que estamos queriendo vivir la Semana Santa, ¿a qué nos inspira y qué nos transmite este pasaje?, ¿qué nos sugiere para estos días?

ORACIÓN

Señor Jesús, comenzar la semana santa contemplando tu entrada triunfal en Jerusalén, es todo un programa para estos días, pues vemos que Tú viviste tu vida como un caminar hacia Jerusalén, porque tenías tu meta puesta en llegar a la ciudad de David, pues ahí era donde Tú realizarías plenamente el proyecto redentor. Porque en reiteradas oportunidades Tú hiciste notar que subías hacia la ciudad santa, y que allá te iban a rechazar, que serías flagelado, coronado de espinas, crucificado y finalmente que morirías en la cruz, pero que tu historia no terminaría colgado en un madero, sino que resucitarías. De ahí que esta ciudad era para ti como el sinónimo de la entrega, de la donación plena, del darte totalmente. Tú lo sabías y fuiste Tú el que nos lo revelaste, pero no lo evitaste sino que fuiste al encuentro de tu muerte, porque ella no era una muerte más, sino un hecho redentor, donde Tú con tu sangre nos darías vida verdadera. Por eso, Señor, en estos días que estamos comenzando danos la sensibilidad espiritual para reconocer y valorar lo que fue tu pasión y muerte, para que viendo hasta donde llegó tu amor, cada uno de nosotros busquemos corresponder al amor que Tú tuviste por nosotros. Ayúdanos Señor a vivir una semana santa diferente, buscándote incansablemente para encontrarte por medio la cruz, vivo y resucitado junto a nosotros, impulsándonos a vivir la vida que Tú nos diste.

CONTEMPLACIÓN 

Mirando y contemplando la actitud del Señor que va al encuentro de la cruz, veamos nuestra actitud ante Él y ante lo que implica llamarnos cristianos ¿Me siento cristiano?, ¿siento que vivo y palpito aquello creo? ¿Es evidente mi actitud creyente, se nota que soy seguidor del Señor?, ¿en qué, de qué manera? Cuando entró Jesús, todos los aclamaban, y yo que sé quién es el Señor, que conozco lo que hizo por nosotros, ¿de qué manera expreso y manifiesto mi fe cristiana?, ¿qué hago para exteriorizar aquello que creo? Sabiendo que para nosotros el misterio de la cruz del Señor, es un hecho redentor, pues es vida que el Señor nos da por medio de su muerte, ¿qué voy a hacer para que estos días santos que estamos comenzando sean días de encuentro, de oración, de comunión de vida con el Señor? ¿De qué manera lo voy a acompañar en su camino hacia la pasión? Viendo que el Señor no evade lo que implica dar la vida por nosotros, yo, ¿hasta qué punto estoy dispuesto a dar mi vida por los demás? ¿Soy capaz de sacrificarme para que otros tengan vida gracias a mi entrega y donación?

ACTUACIÓN

Vivir intensamente cada uno de los ritos de la Semana Santa y así vivir configurados en la muerte de Cristo y posteriormente lo estarán en su Resurrección