[fbshare]CI_Noti4_Mar270312

  • Éxodo 20, 1-17: Yo soy el Señor, tu Dios, que ter sacó de Egipto… No tendrás otros dioses frente a mí.
  • Salmo 18, 8-11: Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
  • 1Corintios 1, 22-25: Este es mi Hijo amado; escuchadle.
  • Juan 2,13-23: Destruid este templo y en tres días lo reconstruiré.

Dios en medio de su pueblo:

Cuando Israel está en el desierto, en medio del campamento, se encontraba la Tienda de la Alianza, dentro estaba el Arca, que tenía las tablas de piedra de la Ley, algo de maná… Era la presencia visible de Dios en medio de su pueblo, pues la Tienda de día estaba cubierta por una columna de nubes y, de noche, por una columna de luz.

Cuando el pueblo de Israel entra en la Tierra Prometida, ya la presencia en la nube y en la luz, ya no se da. La tienda de la Alianza va de un lado para otro, hasta que el rey David la lleva a ligar donde más tarde se construiría el templo. Lo quiso hacer David, pero Dios le concedió esta gracia a su hijo Salomón.

Con David se afianza definitivamente el estado de Israel, que se consolida con el rey Salomón. La existencia del templo en Jerusalén es lo que une a los israelitas como estado y como pueblo.

El Imperio Babilónico destruye la ciudad de Jerusalén y arrasa con el templo. Lo que había de valor, se lo llevan. Después de unos setenta años, Ciro el rey que conquistó el imperio babilónico, probablemente con miras políticas para atraer a los pueblos conquistados, permite que los judíos vuelvan a la ciudad de Jerusalén y reconstruyan la ciudad y el templo, que lo hacen con muchas dificultades. El templo adquiere una importancia suma para el pueblo judío, no solo los de Palestina, sino asimismo los de la diáspora (algunos judíos se quedaron en la zona de Babilonia, pasaron algunos a Egipto, después al imperio Romano; ellos eran la diáspora). Eran buenos comerciantes y llegaron muchos a prosperar económicamente.

El templo fue profanado en tiempo de los reyes que sucedieron a Alejandro Magno. Los Macabeos lo reconquistan y lo ponen en uso. Es con Herodes el Grande, a quien nada le importaba la religión, pero sí la política, pues llegaban a él de todo Palestina y de las partes más alejadas entonces del mundo conocido. La belleza con lo que lo reconstruyó Herodes era admirable, llamaba a todos la atención.

El templo centro de la religiosidad del pueblo de Israel:

El hecho de estar centrado el culto religioso  de los israelitas en torno al templo de Jerusalén iba adquiriendo más magnificencia y a manejar mucho dinero. Había que presentar los primogénitos a Dios en el templo y rescatarlos con una ofrenda; muchos iban casi todos los años a alguna de las fiestas principales. Los de lejos soñaban con visitar el templo al menos una vez en la vida.

Llegaban al templo y era importantísimo el cambio de moneda, pues el templo tenía la suya propia. Era un gran beneficio para las principales familias judías, excesivamente ricas, y la población en general muy pobre.

El templo había dejado de ser centro de una oración sincera para convertirse en  gente que vendía bueyes, ovejas y palomas, y de cambistas de monedas… Jesús realiza un signo profético, expulsando a todos ellos: Quitad eso de ahí. No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre. Es el tiempo de la Alianza Nueva, de los tiempos nuevos, que anunciaban los profetas.

Aplicación actual:

La tiene en sentido colectivo e individual. ¿Qué es lo que nos pide? Ser sinceros, que se denomina coherencia, pensar, decir, obrar todo con la misma medida. Es lo que pide insistentemente el papa Francisco: los pobres, predicar en las periferias, etc.

¿Cómo me acerco a Dios en la oración? ¿A qué me compromete la oración? O, ¿tengo una oración intimista sin compromiso real en la vida?

Coherencia, coherencia…

Oración y agradecimiento:

En primer lugar,  pido al Señor       que no permita quedarme en un culto externo, sino que ore y trabaje en tu Reino con un corazón sincero. Que no llegue a nosotros la denuncia de los profetas: este pueblo me alaba con labios, pero su corazón está muy lejos de mí.  El Señor nos pide por los profetas: misericordia quiero, no sacrificios.

¿Acompaño con mi obrar en todo a Jesús? ¿Tengo temor humano, respeto, en manifestar mi fe católica y mis pensamientos sinceros  en público o en la conversación con los demás?

Gracias, buen Dios, por estar a mi lado, por sentir tu presencia hasta en los momentos más difíciles de mi vida.

Quiero adorarte siempre en espíritu y en verdad (Jn 4,27).

Amén.