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ORACIÓN INICIAL

Espíritu de verdad, enviado por Jesús para conducirnos a la verdad toda entera, abre nuestra mente a la inteligencia de las Escrituras. Tú, que descendiendo sobre María de Nazaret, la convertiste en tierra buena donde el Verbo de Dios pudo germinar, purifica nuestros corazones de todo lo que opone resistencia a la Palabra. Haz que aprendamos como Ella a escuchar con corazón bueno y perfecto la Palabra que Dios nos envía en la vida y en la Escritura, para custodiarla y producir fruto con nuestra perseverancia.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS. Juan 2,13-25

Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: «Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado. Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu Casa me devorará. Los judíos entonces le replicaron diciéndole: «Qué señal nos muestras para obrar así? Jesús les respondió: «Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré. Los judíos le contestaron: «Cuarenta y seis años se han tardado en construir este Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días? Pero él hablaba del Santuario de su cuerpo Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús. Mientras estuvo en Jerusalén, por la fiesta de la Pascua, creyeron muchos en su nombre al ver las señales que realizaba. Pero Jesús no se confiaba a ellos porque los conocía a todos y no tenía necesidad de que se le diera testimonio acerca de los hombres, pues él conocía lo que hay en el hombre”.

Comentario

Los judíos. San Juan con esta palabra se refiere a los  que no aceptaban a Jesús como Hijo de Dios y Mesías, sino que lo tenían como blasfemo, y posteriormente eran los que  expulsaron a los seguidores de Jesús de las sinagogas, o sea, de la comunidad de fe hebraica.

Los signos. Las curaciones y otras acciones taumatúrgicas de Jesús que los evangelios sinópticos (Marcos, Mateo y Lucas) llaman milagros o prodigios, Juan los llama signos. En cuanto que son signos señalan algo que va más allá de la acción que se ve. Ellos revelan el misterio de Jesús. En nuestra narración “los Judíos” piden un signo en el sentido de una prueba, que autenticase las palabras y acciones de Jesús. Pero Jesús no obra signos como pruebas que garanticen la fe.

Sobre la explanada del Templo, Jesús se encuentra con un verdadero mercado. La Ley permitía que dentro del recinto se vendieran los animales que iban a ser sacrificados. Era facilitar a los peregrinos todo lo que necesitaban para las ofrendas que debían hacer. Jesús “encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos”. El templo de Jerusalén era el lugar de la presencia de Dios en medio de su pueblo. Sin embargo, los profetas insistieron en que no bastaba acceder al templo y ofrecer sacrificios para ser agradables a Dios. Dios pide la obediencia y una vida moralmente recta y justa.

Ante el problema que Jesús encuentra en este lugar de culto: hizo  un látigo con cuerdas,  echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes, desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: ‘Quiten esto de aquí. No hagan de la Casa de mi Padre una casa de mercado’ 2,15-26). Jesús no se enfrenta al mercado en sí, sino al modo cómo se entienden la honra debida a Dios en el Templo. Para Jesús el comercio y la casa de Dios deben ser tenidos como asuntos claramente distintos. Ve los abusos y no permanece indiferente, sino que interviene con autoridad definiendo abiertamente su visión del Templo, la casa del “Padre mío”.

Al ver lo ocurrido las autoridades se acercan a Él, diciéndole: “¿Qué señal nos muestras para obrar así?” Durante el acto de la purificación del Templo Jesús había dado la explicación del hecho. Se remite a la dignidad de la casa del Padre. Pero resulta que esto no satisface a los judíos, como tampoco los convencerá con lo que dice y hace.

La respuesta de Jesús aparece justo en el centro: “Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré” (2,19b). Con la frase sobre la destrucción del Santuario y la reconstrucción en tres días.  Jesús les está diciendo a los judíos: “Ustedes me van a matar, pero al hacerlo lo que Ustedes van a lograr es dar la máxima y definitiva prueba de lo que les he dicho”.

El templo tuvo sus raíces en el desierto, donde las tribus se reunían en torno a la tienda del encuentro donde estaban las tablas de la ley, el maná, el báculo de Moisés. Ahí solo entraba Moisés, donde se encontraba con el Señor cara a cara. Después fue Salomón quien le construyó una casa para Dios y ese es el sentido del templo. En él realizaban todas las ceremonias y todos los ritos religiosos. De ahí, la denuncia en gestos que hace Jesús, rescatando el valor del lugar donde estaban.

…los jefes judíos intervinieron… (Jn 2,18). Es curioso que no haya habido una oposición o un enfrentamiento a la actitud de Jesús, sino que lo dejaron actuar y no lo detuvieron. Solo aparece la intervención de las autoridades judías que le cuestionan el por qué hacía lo que hacía, pero no existe una oposición abierta o una intención de pararlo.

Es este cuestionamiento lo que da pie a que Jesús haga su primer anuncio explícito respecto de su resurrección, cuando les dice: “…destruyan este templo y yo lo reedificaré en tres días…” (Jn 2,19). Esto fue mal entendido por los que lo oyeron, suponiendo que se refería al edificio en sí mismo, en cambio Jesús ya estaba hablando de su propio cuerpo que permanecería tres día en el sepulcro y después resucitaría (Jn 2,21-22).

Los adversarios entienden sus palabras como una simple referencia al Templo de piedra, como un edificio que se viene al piso y no como un signo de Dios en la persona de Jesús: “Cuarenta y seis años se han tardado en construir este Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?” (2,20b). Ya desde esta primera confrontación, se evidencian las consecuencias del conflicto mortal que se levanta contra Jesús por causa de su revelación: su muerte; pero la última palabra será la que pronuncie el Padre: la resurrección de Jesús, que confirmará a aquel que por causa de su obra y por declararse “Hijo” (la “casa de mi Padre”) será conducido hasta una muerte violenta. Por medio de esta muerte será construido el nuevo Templo.

…muchos creyeron en Él… (Jn 2,23). En los evangelios sinópticos la subida a Jerusalén es toda una clave teológica, donde Jesús camina hacia su muerte, porque un profeta no podía morir fuera de Jerusalén. Así Él sube una única vez a la ciudad santa y esto es para morir. En cambio en Juan Jesús sube varias veces y celebra varias pascuas en la ciudad de David.

Por tanto: Jesús resucitado es el “lugar” definitivo de la presencia de Dios en medio de su pueblo.
Y Jesús resucitado es el “lugar” de la adoración de Dios por parte de su pueblo, es la perfecta “casa del Padre”.

Las palabras y las obras de poder de Jesús no serán aceptadas por sus adversarios, sino que más bien les llevará a la decisión de eliminarlo. Pero al rechazarlo, sus adversarios lo que logran es darle cumplimiento a las palabras proféticas de Jesús: “Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré” (2,19). Aun cuando quieran, los judíos no pueden impedir que el “celo” de Jesús por su Dios-Padre llegue hasta esta máxima expresión de la Alianza de Dios con los hombres  y  que se manifiesta en su misterio pascual.

Cuando resucitó de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús” y : “sus discípulos se acordaron…” (2,17.22). Aquí no se trata de un recuerdo que remite simplemente a la memoria del pasado, sino de un recuerdo que de golpe lleva a una comprensión de fondo y a una participación interna en el acontecimiento mismo: nace de la resurrección de Jesús: “Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos” (2,22ª).

No solamente tenemos la reacción positiva  por parte de los discípulos, también tenemos la de mucha gente que cree en Jesús: “creyeron muchos en su nombre al ver las señales que realizaba” (2,23.  Ante Jesús no se puede permanecer indiferente. Frente a esta situación se pueden tomar estas respuestas:

La multitud que está impresionada por lo que Jesús realiza. Pero Jesús retiene que no se puede confiar de ellos y los mantiene a distancia: “cree” pero no es discípula (ver 2,24-25).

MEDITACIÓN

¿Qué me llama la atención y que me hace pensar lo que Jesús ha hecho en el templo?, ¿qué indica Él con esa actitud? ¿Por qué Jesús actúo como lo hizo en el templo? ¿Qué pretendía hacer con eso, qué revela su actitud?, ¿qué demuestra con eso? ¿Qué importancia tiene lo que Jesús dice: “…no hagan de la Casa de mi Padre un mercado”?, ¿a qué se refiere con eso? Hoy en día, ¿cómo y cuándo uno puede hacer de la Iglesia un mercado?, ¿qué se puede hacer en esas circunstancias?  Hoy en nuestra Iglesia, en nuestra comunidad, ¿cuáles serían las actitudes que podrían reflejar alguna actividad parecida con esto?, ¿cuáles son esas cosas que como cristianos debemos denunciar tanto en nuestra comunidad como en la Iglesia que no reflejan la voluntad original del Padre? Y yo personalmente ¿qué puedo hacer dar testimonio de nuestra fe?

ORACIÓN

  1. Salmo 50. El culto que Dios quiere

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa;lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé, cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón, en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero, y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio; lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría, que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme;no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso:enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios, Salvador mío, y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión, reconstruye las murallas de Jerusalén: entonces aceptarás los sacrificios rituales, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar se inmolarán novillos.

CONTEMPLACIÓN

Miro mi vida a luz de la Cruz del Señor… experimento  y siento al Señor como mi Dios y mi todo. Él se acerca a mi ¿cómo me relaciono con Él? Lo necesito. Ante su presencia no vale chantajes, todo es sinceridad y entrega. De nada sirve hacer promesas, solo quiere que busque y ame su voluntad. No puede ser mi vida un trajín de negocios. Le escucho que me invita a la calma, a la serenidad, a ofrecerle en todo momento un sacrificio agradable, su propio Hijo. No quiere más ofrendas que esa.

ACCIÓN

En este tiempo de cuaresma, ¿a qué te compromete  el Señor? Entra dentro de ti mismo y  viendo tu mapa interior, date cuenta en qué  le puedes servir mejor