INVOCACIÓN

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Señor Jesús, Tú que anunciabas la Buena Nueva invitándonos a creer en tu palabra exhortándonos a la conversión; Tú que has venido a mostrarnos el camino hacia el Padre, viviendo de acuerdo a su voluntad, te pedimos que en estos días de cuaresma, Tú nos sensibilices y nos hagas dóciles a tu acción en nuestra vida, para que tengamos tu gracia para ver cómo estamos viviendo, lo que estamos haciendo, para darnos cuenta de aquello que no condice con nuestra condición de cristianos y así Tú puedas transformarnos, sacando de nosotros lo que nos aleja o separa de ti. Derrama en nosotros tu gracia para cambiar y vivir como Tú quieres y esperas de nosotros

desierto

PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA. San Marcos 1, 12-15.

En aquel tiempo el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios. Conviértanse y crean la Buena Noticia.

Contexto

Su bautismo, como el paso del mar Rojo, marca el final de la esclavitud. Pero queda  por atravesar el desierto, acechado por el enemigo que desea perdernos, bloqueándonos o haciéndonos volver hacia atrás. Adán no escuchó la Palabra de Dios y  fue arrojado del Edén al desierto. Ahora     el Espíritu arroja en él al Hijo que escucha la Palabra. Allí encuentra a todos sus hermanos y  los lleva de nuevo al paraíso perdido.

El bautismo  de Jesús nos presenta a un Dios que es solidario con nuestro mal y nuestra muerte; sus tentaciones nos permiten ver a un Dios solidario con nuestra dificultad para vivir en libertad. Cristo, que sale empapado del agua con  nuestra muerte, evoca a Moisés, el pastor que guía a la grey del Señor durante el Éxodo. Como él, recorre el camino de Israel de Egipto a la tierra prometida, cuando todos fueron tentados y cayeron; recorre, victorioso, la historia de todo hombre, que ha caído desde siempre y por eso no alcanza la patria de su deseo.

En Marcos, antes de la actividad apostólica, Jesús es tentado de realizar el Reino del Padre del modo más eficaz y cómodo, sin permanecer fiel a la opción hecha en el bautismo. Para los otros Sinópticos, las tentaciones se insertan en el “hambre” (Mt 4, 2; Le 4, 2), en la necesidad que tiene el hombre respecto de las cosas, las personas y Dios. Es constante el peligro de querer satisfacer esta hambre con la posesión. Mateo y Lucas además dicen expresamente que fue tentado, en cuanto Hijo de Dios, para emplear los instrumentos que nuestro buen sentido: el tener, el poder y el prestigio religioso.

Jesús, como cada uno de nosotros, desde Adán en adelante, fue tentado “con buenos fines”. Hay atajos que luego hacen perder el camino. ¿Acaso no es con buenos fines que se hace todo el mal del mundo? No es necesario actuar con “buenos fines” sino actuar bien, en el medio y al final. ¡Nunca es verdad que el fin justifique los medios!  En Jesús tentado toda la humanidad fue tentada. En Él, victorioso, toda la humanidad ha vencido al mal. Es el nuevo Adán. Sabemos que en cada tentación no estamos solos ni abandonados. Estamos “consolados” por la presencia de aquel que por eso quiso ser tentado con nosotros y como nosotros.“

TEXTO

v. 12 El Espíritu. Es el Espíritu del Hijo que se manifestó visiblemente en la opción por la solidaridad con los hermanos.

Lo empujó al desierto. También nosotros recibimos el bautismo, somos empujados por su Espíritu fuera de Egipto y conducidos por el desierto, camino hacia la plena libertad de los hijos. El desierto es el lugar de la libertad y de la tentación, de la fidelidad de Dios y de nuestra duda, del amor y de la contienda recíproca, del camino y de la caída. En la dificultad de vivir con el peso de nuestro mal somos protegidos por la nube, por el fuego que guía, por el maná que alimenta, por el agua que apaga la sed, por la Palabra que ilumina y da vida-, el desierto es el crisol en el que Dios forma al hombre.

v. 13 Estuvo en el desierto durante cuarenta días. Los cuarenta días recuerdan la revelación de Moisés y el camino de Elías. También Israel estuvo en el desierto durante cuarenta años, el arco de una generación, el tiempo de una vida. Esto significa que toda la existencia de Jesús fue desierto y prueba, tentación y lucha, de principio a fin. También nosotros, por fuerza del bautismo, pasamos de la sumisión al mal a la lucha contra él, lucha que dura toda la vida. ¡Sólo quien no elige el bien no es tentado por el mal!

Tentado por Satanás. Es el enemigo del hombre. Por su envidia entró la muerte en el mundo (Sb 2,24). Su manera de actuar está descrita en Gn. 3: hace que el hombre se haga consciente de su limitación, le quita la confianza en Dios, sugiriéndole que éste es su adversario y haciendo que el bien le parezca mal y el mal le parezca bien.

En Marcos Satanás  es el ladrón de la Palabra (4, 15). Con su mentira está en el origen de todo mal, porque el hombre se convierte en la palabra que escucha. Si escucha a Dios, llega a ser como él, padre de la verdad y amante de la vida (Sb 11, 26); si escucha a Satanás, llega a ser como él, padre de la mentira y homicida desde el principio (Jn 8, 44).

 Marcos, a diferencia de Mateo y de Lucas, no especifica las tentaciones. Deja que aparezcan a lo largo del relato, como peligro constante de anticipar la gloria del Hijo, evitando la cruz del siervo.

1). La primera es el “protagonismo” que hace que el Reino de Dios se confunda con el éxito del propio yo.

Aflora claramente desde la primera jornada mesiánica, cuando le dicen: “Todos te buscan” (1, 35). Poner el propio yo como fin absoluto, en el lugar de Dios, es egoísmo, causa de todos los males. Jesús contestará: “Vamos a otra parte”.

2). La segunda es la búsqueda del “poder mundano” para la realización del Reino de Dios. El fin es justo, pero el medio es impropio. El Reino se realiza no con el poder sino con la impotencia de quien da la vida al servicio de los hermanos. Esta tentación aparece rápidamente luego de la multiplicación de los panes, cuando obliga a los discípulos a marcharse (6, 45). Por san Juan sabemos que querían hacerlo rey (Jn 6,15).

3). La tercera tentación es la búsqueda del “poder religioso”. Consiste en querer doblegar a Dios a la propia voluntad, en vez de doblegarse a la suya. Jesús la padece en el huerto. Es la lucha definitiva. Caer es la perversión de la fe: en vez de nosotros obedecer a Dios, pretendemos que él nos obedezca. Creer que tenemos a Dios en el bolsillo es para nosotros la cosa más fácil y para él ¡la más insoportable!

Estaba con las fieras. Jesús, fiel a la Palabra del Padre, es el nuevo Adán, que vive en aquella armonía con la creación que existía al comienzo, antes de la desobediencia. En él se cumple el deseo de una edad de oro, en la cual “el lobo morará con el cordero, la pantera se acostará junto al cabrito; el cordero y el león pacerán juntos y un niño los guiará, etc.” (Is 11, 6ss.).

Los ángeles le servían. La corte celestial, que está al servicio de Dios, está ahora al servicio de Jesús. La presencia angélica revela su identidad: Él es el Hijo de Dios, justamente porque mantiene su opción de siervo. El cielo está definitivamente abierto sobre la tierra y Él mismo es la escalera que une establemente a Dios con el hombre. Como él, cada bautizado que se encuentra en el desierto, nunca está solo: experimenta la ayuda del Señor en el servicio de sus ángeles (Sal 91).  “Servir” en el Nuevo Testamento es expresión concreta de amor. Quien sirve y ama a Dios y a los hermanos es amado y servido por los ángeles, más aún, de Dios mismo que es amor y servicio.

 v. 14 Después que Juan fue entregado. Juan decía que debía disminuir ante el Cristo (Jn 3,30). Ahora de hecho desaparece. La espera termina cuando llega el esperado. Quien no sabe qué busca, continúa buscando sin encontrar; pero quien sabe lo que busca, deja de buscar cuando encuentra. Por eso, cuando Jesús comienza, Juan termina su propia actividad. Y anticipa el destino de Jesús.

 Jesús vino a Galilea. Su “venida” al Jordán continúa ahora en Galilea para luego difundirse por otras partes (v. 38). Aquí Jesús creció, trabajó y comenzó su anuncio y su camino que lo llevará a Jerusalén. Es el lugar natural que para Marcos se convierte en el “lugar teológico” en el que resuena su llamamiento para cada uno de nosotros. El final del evangelio (16, 7) nos reenvía otra vez aquí, a Galilea, en donde encontramos y vemos al resucitado.

 A proclamar el Evangelio de Dios. El Evangelio es “Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios” (1, 1). Jesús, pues, al proclamar el Evangelio, se proclama a sí mismo. Él dice la Palabra y es al mismo tiempo la palabra dicha. Por eso, ella es viva y eficaz (Hb 4,12), capaz de movernos como a los primeros discípulos. Para Marcos sólo Jesús predica la Buena Noticia, que es Él mismo. Los discípulos, como Juan, predican la conversión (1, 4; 6, 12). Él es el único maestro verdadero, el maestro interior que se da y se comunica en la palabra anunciada.

 v. 15 Ha llegado el momento. Son las primeras palabras de Jesús. Con él se termina el tiempo de la espera. El momento presente es precisamente el que Dios estableció para nuestra salvación. Con Juan termina la predicación profética, porque con Jesús se cumple lo que los profetas anunciaron. Se cumplió la espera porque llegó su cumplimiento. Él es el punto decisivo de la historia. Ahora ha llegado, ¡está aquí! La historia de Jesús, que nos cuenta Marcos, nos permite ver lo que es este Reino. Es Jesús mismo, Dios para el hombre y el hombre  para Dios, que realiza plenamente el amor de Dios para el hombre y el amor del hombre para Dios. Nadie está lejos o excluido del mismo.

Conviértanse. Significa cambiar de idea y de cabeza, cambiar de corazón. El reino llegó por iniciativa suya; pero el ingreso está reservado para mi libertad. La conversión es volverse a Él, iniciando detrás de Él su mismo camino. La conversión tiene un momento inicial que consiste en confiarse a él. Pero luego es un hecho que dura toda la vida y consiste en orientar progresivamente cada  paso que doy por los suyos, en un éxodo continuo de la mentira a la verdad, de la esclavitud a la libertad, de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, sin desanimarme nunca. Por eso, cada vez que escucho el evangelio, soy llamado a la conversión. La Escritura exige siempre una lectura “crítica”, pero para mí, no para los otros. La Palabra no está hecha para atacar a los otros, sino para convertirme. Cada uno prefiere instintivamente aplicarla a su prójimo en vez de aplicársela a sí mismo. El resultado es que nadie la toma en serio y todo queda igual.

Crean en el Evangelio. El Evangelio es Jesucristo, Hijo de Dios (1,1), presentado en primera persona en el anuncio. La fe no es sólo el asentimiento intelectual a la verdad que dice, sino la confianza en aquel que me habla. De hecho, también los demonios creen, pero tiemblan (St 2, 19). El problema no consiste en creer si el Señor está o no está, (porque está, aunque lo niegue), sino en decidir qué tipo de relación estoy dispuesto a establecer con El. Creer y amar es hacer de Él la propia vida. El acto de fe es una relación personal con Él, de amigo a amigo.

 MEDITACIÓN

¿Qué relación hay entre Bautismo y Tentación? ¿Cómo se explica que sea el Espíritu Santo el que conduzca a Jesús al desierto para ser tentado? ¿Qué indica el número 40? ¿Por qué Jesús va al desierto? ¿Qué se entiende por “Tentación” en el Evangelio? ¿Es el mismo concepto de “tentación” que tiene la gente? ¿Con qué imágenes se proclama la victoria de Jesús sobre Satán? ¿Qué se quiere decir con la expresión: “Jesús es el Nuevo Adán”? ¿De qué manera aparecen las tentaciones a lo largo del Ministerio de Jesús en el Evangelio de Marcos? ¿Cómo se dan en mi vida cristiana?

 ORACIÓN

Señor Jesús, Tú recorrías los pueblos y ciudades anunciando la Buena Nueva, transmitiendo esa novedad que es el amor de Dios hacia nosotros, ese amor infinito que tuvo al enviarte a ti para que nosotros tengamos vida y vida en abundancia en y de ti. Hoy, Señor, cuando hay tanta gente que te desconoce, que apenas sabe de ti, que viven por vivir, que siguen a falsos dioses, que buscan la felicidad por caminos equivocados, te pedimos que hoy nuevamente tu Buena Nueva sea anunciada por todo el mundo, en cada situación. Para eso, te pedimos, que suscites en muchos que te den a conocer, que hoy nuevamente vivamos un tiempo de anuncio explícito del Evangelio, y que como en los primeros tiempos, tu Palabra sea eficaz y llegue al corazón de las personas, para que iluminados por ella se sientan interpelados y cuestionados, para encontrar en ti el sentido de sus vidas y así puedan adherirse a ti, viviendo como Tú quieres y esperas de nosotros.

 CONTEMPLACIÓN 

Mirando mi vida a luz de la Cruz del Señor, contemplo que me invita a la conversión, a volver a Él, a cambiar aquello que no corresponde con el nombre de cristiano que llevo. Observo su entrega, su fidelidad, su insistencia en que “hoy” sea el día en que le correspondo en plenitud. Le escucho que me dice:  ¿qué lugar

Ocupo en tu vida?, ¿qué importancia le doy a Él como Dios?, ¿me siento yo criatura delante de Él?, ¿busco asumir su propuesta de vida, haciendo que ella sea mi estilo de vida?, ¿puedo decir, que Dios ocupa el centro de mi vida, que es Él el que da sentido a todo lo que soy y a todo lo que hago?

 ACTUACIÓN

 En este tiempo de cuaresma, ¿qué voy a hacer para vivir más consciente y plenamente mi seguimiento al Señor?, ¿qué voy a hacer para demostrar con mi vida que soy cristiano y que busco vivir el Evangelio?