Queridos hermanos:

Después de unos meses regresa el boletín a sus manos. Confío que en este tiempo se hayan sentido bendecidos por el Señor, especialmente en el tiempo de Navidad y que el nuevo año sea ocasión propicia para cumplir nuestros planes y proyectos personales y familiares. Y como somos una familia, la de los hijos de Dios, queremos que  lo que el Espíritu habla a la Iglesia de nuestros días, tenga plena acogida. Sabemos que el Papa ha convocado a un año de la fe, que se inició el 11 de octubre del año pasado y concluirá el 24 de noviembre de este año en curso.

 

El Año de la Fe pretende ser una llamada a que todos vivan mejor su fe y ayuden a los demás a conocerla. Según la Nota, “este año será una ocasión propicia para que todos los fieles comprendan con mayor profundidad que el fundamento de la fe cristiana es el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva“. Fundada en el encuentro con Jesucristo resucitado, la fe podrá ser redescubierta íntegramente y en todo su esplendor.
Es evidente que la Iglesia se encuentra hoy ante un gran reto:

– Buena parte de la humanidad no es cristiana, un notable porcentaje de no cristianos es agnóstico o ateo,

Y entre los cristianos bautizados hay muchos que han dejado de serlo y militan en el indiferentismo o en el relativismo, cuando no en grupos anticristianos. Se vive como si Dios no existiera, queriendo reducir la fe al ámbito estrictamente privado e individual.

– La dictadura del relativismo, que no es otra cosa que reconocer que nada es definitivo, y que la última palabra la tiene el propio yo y sus antojos.  A esto se une también  el materialismo. Todo se programa a espaldas de Dios o contra el mismo Dios. Poco a poco se impone una visión superficial de la vida y la búsqueda de respuestas meramente humanas y horizontales, buscando solo la propia felicidad, pero situándola en los bienes terrenos, el confort y el placer.

La ignorancia religiosa. La  formación de la inmensa mayoría de nuestros cristianos es muy deficiente. Esto conlleva carecer de una experiencia viva de Dios, vivir sin entusiasmo la fe, carecer del sentido de pertenencia a la Iglesia y ser presa fácil de  los “vendedores” de religiones fundamentalistas y de conceptos panteístas.

El día 13 de Febrero comenzamos la Cuaresma, que es un tiempo propicio para Vivir la fe: conversión y evangelización; para conocer la fe: el Catecismo de la Iglesia Católica; para comunicar la fe: el testimonio cristiano del amor. La Cuaresma, en palabras del Misal Romano, expresa anhelar, año tras año dedicarnos con mayor entrega a la alabanza divina y al amor fraterno. En este caminar nos acompaña María, Madre de la esperanza: ella nos sostiene con su ternura materna y nos guía a acoger con espíritu renovado el anuncio gozoso de la Pascua.