Queridos hermanos:

Entramos en el mes de Septiembre, mes dedicado a la Biblia. El lema elegido es: “Escuchen la Palabra y pónganla en práctica”. Es una hermosa exhortación para que nos esforcemos en conocer la Palabra de Dios. San Jerónimo dice: “Ignorar la Escritura es ignorar a Cristo”.
“¿Cómo es posible vivir sin la ciencia de las Escrituras, a través de las cuales se aprende a conocer al mismo Cristo, que es la vida de los creyentes?” Y entendamos bien que, cuando hablamos de la Palabra, no nos referimos a un libro, sino al mismo Cristo que es la Palabra de Dios que se hizo hombre, habitó entre nosotros y perdura por los siglos.

La Biblia es el instrumento con el que cada día Dios habla a los fieles, para que se convierta en estímulo y manantial de la vida cristiana para todas las situaciones y para toda persona. San Pablo dirá: Toda la Escritura está inspirada por Dios, y es útil para enseñar y para argüir, para corregir y para educar en la justiciae invita a proclamar la Palabra de Dios, insistir con ocasión o sin ella, argüir, reprender, exhortar, con paciencia incansable y con afán de enseñar. Nuestra falta de preparación bíblica hace que nos convirtamos en cristianos mediocres, que no  vivamos en plenitud la fe y que no sepamos defender las verdades que profesamos.

Por nosotros mismos nunca podemos leer la Escritura. Encontramos demasiadas puertas cerradas y caemos en errores. Precisamos buscar formación, orientación. En la parroquia asiduamente ofrecemos cursos bíblicos, pero tienen escasa acogida. ¿A qué se debe? ¿Tal vez carecemos de tiempo disponible? Puede darse esa circunstancia, pero esto no sucede en la mayoría de los hermanos. Si queremos ser buenos cristianos, estar dispuestos a escuchar qué quiere Dios de nosotros, no queda otra alternativa que formarnos bíblicamente. No sirve cualquier interpretación, escuchando voces peregrinas. Un criterio fundamental en la interpretación de las Escriturases estar en sintonía con el magisterio de la Iglesia.
“La Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la Sagrada Liturgia. Siempre las ha considerado y considera, juntamente con la Sagrada Tradición, como la regla suprema de su fe, puesto que, inspiradas por Dios y escritas de una vez para siempre, comunican inmutablemente la palabra del mismo Dios, y hacen resonar la voz del Espíritu Santo en las palabras de los Profetas y de los Apóstoles”. (Concilio Vaticano II).

En ese amor de Dios que vino a comunicarse con nosotros en Jesucristo, Palabra del Padre por la acción del Espíritu, les saludo fraternalmente a todos.

Fr. Víctor García

Párroco