Queridos hermanos:

Al dirigirme a Uds. deseo tomar como fondo de mi reflexión el lema que la parroquia tiene para este mes: “Cristiano comprometido, peruano responsable”. Luchar por la Patria es luchar por los valores del espíritu que configuran una existencia humana digna y libre. La libertad ha constituido un valor que no se vende, y la patria un requerimiento de cada instante y una misión que se cumple cuando se transmite más depurada y más respetable a las nuevas generaciones. La patria es continuidad y todos somos obreros de su grandeza. De la lección del pasado recibimos fuerza para el presente y razón de esperanza para el futuro.

Un pueblo sin héroes y sin símbolos patrios sería una muchedumbre sin voz. Por otra parte, cómo imaginar a los héroes sin el pueblo al que sirven y al que convocan. Pero los héroes no son exclusivamente los que empuñan las armas o los conductores políticos de un país. Son también los apóstoles del pensamiento como los sabios, artistas, gobernantes, técnicos y humanistas, inventores de nuevas formas de ser o de legislar. Con satisfacción recordamos a nuestros antepasados que escribieron con sus  vidas, con sus hazañas, con sus ideas la historia de nuestro pueblo. Todos ellos son  nuestros héroes, aunque no les levantemos monumentos. Forjaron nuestra idiosincrasia, nuestros valores, cuanto hoy nos orgullece de ser peruanos. Ahora a nosotros nos tocará seguir trabajando para hacer del Perú una nación grande y soberana, que reclaman nuestros signos patrios.

La realidad  de nuestro mundo exige una acción conjunta entre Iglesia y Estado, que aparentemente promueven dos campos distintos, ambos  soberanos, pero destinados a promover la integridad de la persona. Somos cuerpo y alma. No se puede perder de vista la unidad entre cuerpo y alma. Toda persona tiene la dignidad dada por Dios. Cristo, por medio de la encarnación, se ha unido a cada hombre dándonos una dignidad incomparable e inalienable. La unidad de acción ha de llevar a promover la dignidad de toda persona, sea hombre y mujer, sano o enfermo, rico o pobre: Dios creó la persona humana a imagen suya y la colocó en el centro de la creación. (Génesis). Recibimos de Dios la vida y todo cuanto tenemos. Por eso la relación con Dios nunca puede ser eliminada.

La Iglesia, con la experiencia que tiene en humanidad, sin pretender mezclarse en política, ha de  continuar, bajo la guía del Espíritu Santo, la obra que  Cristo le confió.  La Iglesia está llamada a establecer desde acá abajo el Reino de los cielos. Cumple su misión, cuando vive pendiente  de que  todo  ser humano supere las carencias materiales y  morales, las estructuras opresoras que provienen del abuso del tener o del abuso del poder, las explotaciones de los trabajadores o de la injusticia de las transacciones; así como  de promover  el acceso a la educación,  que conllevará la dignidad, la cooperación en el bien común, la voluntad de paz. La máxima expresión del ser humano será cuando goce de los valores supremos, y por la fe  nos llama a participar, como hijos, en la vida de Dios vivo, Padre de todos los hombres.

Para todos los parroquianos ¡FELICES FIESTAS PATRIAS!

El Párroco