Invitación de Jesús a entrar en el Banquete del Reino (VIDEO)

Is 25,6-10; Sal 22;Flp 4,12-14 ; Mt 22,1 – 14

 Al profeta Isaías: El texto del profeta nos presenta el banquete mesiánico que el Señor de los ejércitos preparará en lo alto del monte, en Jerusalén. Desde la perspectiva mesiánica el banquete se  celebrará en la nueva Jerusalén, la celeste. 

v San Pablo recomienda los Filipenses que sean generosos. Dios que es rico en misericordia, atenderá todas sus necesidades.

v En el evangelio Jesús toca el tema del banquete del Reino de los cielos. Los invitados no quieren asistir, poniendo mil excusas. El rey toma una decisión admirable: manda a sus criados que inviten a todos lo que encuentren en donde sea y lo lleven al banquete. El relato recalca algo: uno ha llegado al banquete sin traje de fiesta y esto es sí una gran ofensa: en aquel entonces las invitaciones que eran de  varios días incluían la ropa que que se iba a usar. Ese invitado tiene un desprecio total no sólo al  rey, sino a los demás invitados.

v En el salmo responsorial  nos ha dicho el Señor: que prepara una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unge la cabeza con perfume y mi copa rebosa. Porque tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.

Seamos felices:

Meditando las lecturas de hoy me encuentro con una interesante llamada a vivir en la felicidad, en la fiesta del Reino de Dios. Para ello nos quiere el buen Dios junto a Él, que nos dejemos llenar por su gracia. No permitamos que las ansias de tener sin control o buscar el placer a costa de todo, nos lleven a la infelicidad.

Dios quiere una felicidad para todos:

Nadie está excluido del banquete. Se trata en la parábola de un rey especial que para la fiesta de las bodas de su hijo no guarda las formas y convicciones sociales e invita todos; igual en una misma mesa a malos y buenos, impuros y puros. ¡Qué escándalo para los oyentes de Jesús, maestros de  la ley, que se creían tan puros y eran amigos de despreciar a los demás! El Dios de Jesús es el que quiere reunir a todos sus hijos en torno a la misma mesa.

Dios sí nos pide una contraparte: no despreciar el vestido de fiesta que Él nos ofrece.

El banquete de la Eucaristía:

El gran banquete para nosotros los cristianos es la cena del Señor con sus hijos y es la Eucaristía que celebramos como creyentes e hijos de Dios, siguiendo el mandato del Señor: Hagan esto en memoria mía. Es una misma celebración con una doble participación:

  • Ø La mesa de la Palabra, lectura de la palabra de Dios, comentario, reflexión, oración…
  • Ø La mesa de la comunión en la que compartimos un mismo pan y un mismo vino, que ya no lo son, aunque mantengan sus formas, pues son la carne y la sangre de Cristo, como Él nos lo ensenó: Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna.

También Jesús nos llama a todos a la Comunión. ¿Eres digno? ¿Te sientes indigno, pecador? ¿Puedo participar plenamente en este banquete? No sólo te invita, te pide que lo hagas para que tengas vida.

Soy indigno, puedes decir. Pero, no. Jesús ha dejado a la Iglesia y a nosotros el sacramento de la reconciliación. Un corazón contrito, sincero que recibe el sacramento del perdón es abrazado por el mismo Cristo y le coloca el vestido de fiesta.