VII Domingo del tiempo ordinario,Mt.5,38-48 “El Señor es compasivo y misericordioso ” – 20 de febrero

febrero 20th, 2011 | Posted in reflexiones | No Comments

DOMINGO VII ORDINARIO A (1)

1 Cor 3,16-23: Si desprecias tu cuerpo, considera tu precio

Nadie diga en su corazón: “Dios no se preocupa de los pecados de la carne”. ¿No sabéis, dice el Apóstol, que sois templo del Espíritu Santo y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? A quien violare su templo, Dios lo destruirá (1 Cor 3, 16-17)…

¿No sabéis, dice el Apóstol, que vuestros cuerpos son en vosotros templos del Espíritu Santo que recibís de Dios? Despreciabas el pecado corporal, ¿desprecias el pecado contra el templo? Tu mismo cuerpo es el templo del Espíritu Santo que mora en ti. Mira ya qué has de hacer con el templo de Dios. Si te decidieses a cometer un adulterio en la iglesia, dentro de estas paredes, ¿quién habría más criminal que tú? Ahora bien, tú mismo eres templo de Dios. Cuando entras, cuando sales, cuando estás en tu casa, cuando te levantas, eres templo. Mira lo que haces; procura no ofender al que mora en él, no sea que te abandone y te conviertas en ruinas. (San Agustín, Sermón 82, 13-14)

Mt.5,38 – 48

Centraos, hermanos míos, en el amor que la Escritura alaba de tal manera que nada admite que pueda comparársele. Cuando Dios nos exhorta al amor mutuo, ¿acaso te exhorta a que ames sólo a quienes te aman a ti? Este es  un amor de compensación, que Dios no considera suficiente. Él quiso que el amor llegase hasta los enemigos, al decir: Amad a vuestros enemigos; haced el bien a quienes os odian y orad por quienes os persiguen, para ser hijos de vuestro Padre que está en los cielos, quien hace salir su sol sobre buenos y malos, y llover sobre justos e injustos (Mt 5, 44-45). ¿Qué dices a esto? ¿amas a tu enemigo? Quizás me respondas: “Mi debilidad me lo impide”. Ponte en marcha, haz por poder, sobre todo teniendo en cuenta que has de orar al juez al que nadie puede engañar y que ha de llevar tu causa. (San Agustín, Sermón 386,1)


VI Domingo del tiempo ordinario:Mt 5, 17-37: Dios te quiere a ti más que a tu ofrenda

febrero 12th, 2011 | Posted in reflexiones | No Comments

DOMINGO VI ORDINARIO A (1)

Por tanto, debemos reprender con amor; no con deseo de dañar, sino con afán de corregir. Si fuéramos así cumpliríamos con exactitud lo que la ley nos ha aconsejado: Si tu hermano peca contra ti, corrígele a solas (Mt 18,15). ¿Por qué le corriges? ¿Porque te duele el que haya pecado contra ti? De ninguna manera. Si lo haces por amor propio, nada haces. Si lo haces por amor hacia él, obras excelentemente. Considera en las mismas palabras por amor de quién debes hacerlo, si por el tuyo o por el de él. Si te escucha, dijo, has ganado a tu hermano (ib.). Hazlo, pues, por él, para ganarlo a él. Si haciéndolo lo ganas, no haciéndolo se pierde.

San Agustín, Sermón 82,4

“Sal de la tierra y luz del mundo” (Misa con niños,10.30a.m.)

febrero 8th, 2011 | Posted in Mensajes del Párroco | No Comments

Parroquia Sta. Rita de Casia” Llamados a irradiar luz” Mt.5,13-16

Domingo V DEL TIEMPO ORDINARIO: de San Mateo 5,13-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestra buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

Sal y luz – El sabor y el color de nuestra vida en Jesús

febrero 5th, 2011 | Posted in reflexiones | No Comments

DOMINGO V ORDINARIO A (2)

Is 58, 7-10; Sal 111; 1Cor 2,1-5; Mt 5,13-16

“Cuando se muestran a los hombres las buenas obras, incluso las que se hacen por Dios, puesto que se trata de hombres piadosos y buenos, no se reclaman alabanzas humanas sino que se proponen para que se las imite. La obra de misericordia contiene una doble acción misericordiosa: una espiritual y otra corporal. Con la misericordia corporal se socorre a los hambrientos, a los sedientos, a los desnudos y peregrinos; pero cuando estas mismas obras son manifiestas, a la vez que provocan a la imitación, alimentan también al espíritu y las mentes. Uno se alimenta con la buena obra y el otro con el buen ejemplo, pues ambos tienen hambre. Uno quiere recibir con qué alimentarse y el otro quiere ver algo que imitar. La lectura del evangelio que acaba de leerse nos habla de esta verdad. A los cristianos, que creen en Dios, que obran el bien y mantienen la esperanza de la vida eterna como recompensa a las buenas obras se les dice: Vosotros sois la luz del mundo. Y a la Iglesia entera, difundida por doquier, se le dice: No puede esconderse una ciudad construida sobre un monte (Mt 15,14).

San Agustín, Sermón 338